Moreno Bonilla y Pere Aragonès

Esta asamblea está sirviendo para que constatemos la crisis de conceptos utilizados en términos políticos, como la España radial, la España centralista o la España Madrid, que han definido una concepción de España refractaria a todo cambio. ¿Qué tienen en popular Pere Aragonès, Juan Manuel Quemado Bonilla y Ximo Puig? Muchos dirán que ausencia los une y, sin confiscación, los tres están cuestionando, desde diferentes ópticas, la España que nace y muere en la visión que tiene el Estado de la cuestión territorial. La campaña electoral andaluza ha mostrado el afán de Quemado Bonilla de intentar “despertar” a los andaluces para desarrollar la Andalucía económica. Para lograrlo, el presidente andaluz plantea la propuesta de ganar que “Málaga pueda ser uno de los grandes polos de afición tecnológica de España”. 

Puig, desde la misma visión económica, observa que “las decisiones tomadas desde la centralidad no tienen en cuenta la gran riqueza que podemos aportar otras comunidades”. Al constatar que Madrid recibe el triple de inversión que Catalunya, Aragonès observó: “Es imprescindible que haya una reversión inmediata y que haya un punto de inflexión de esta constante histórica porque nos jugamos nuestra competitividad”. Hoy, más que nunca, la financiación autonómica es prioritaria para determinar y ordenar cómo será el tesina de España para los próximos primaveras, poco que lleva reivindicando Catalunya desde hace mucho tiempo.

Hoy, más que nunca, la financiación autonómica es prioritaria para determinar la España de los próximos primaveras

Las tres comunidades, Catalunya, Valencia y Andalucía, lideradas por tres partidos muy distintos, ERC, PSPV y PP, coinciden en establecer que el futuro de España, cada uno desde su óptica identitaria, se juega en la casilla de revertir la infrafinanciación de las comunidades autónomas. Quemado Bonilla ya expresó su crítica en torno a el “centralismo mediático que tiende a uniformar una visión de nuestro país” para reivindicar nuevos centros económicos y políticos; una crítica que Joan Maragall ya realizó en 1897 cuando observó: “Pensemos que el día que Catalunya se haya libertino del teatro y la prensa de Madrid… nuestra independencia intelectual estará muy vanguardia”.

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