Català-Roca, retrato de la España a la que transformaba el 600

El centenario del principio de Francesc Català-Roca (Valls, 1922-Barcelona, 1998) se celebra además en la haber de España. La Sala el Agudo de la Comunidad de Madrid reúne hasta el 18 de septiembre en La penetración de la inspección 81 instantáneas del “fotógrafo castellano del siglo XX más completo y de longevo repercusión entre sus coetáneos”, como lo define Joan Fontcuberta. O, en palabras de la comisaria de esta muestra gratuita, Oliva María Rubio, “una de las figuras fundamentales de la fotografía humanista documental de la posguerra española, el padre de la concepción que renovó el estilo fotográfico”. Y que con sus imágenes, apunta, retrató la transformación de todo un país.

Baños de San Sebastián, en Barcelona, en 1952, por Català-Roca

Baños de San Sebastián, en Barcelona, en 1952, por Català-Roca

Francesc Català-Roca

Un creador que conoció acertadamente la fotografía artística de vanguardia y la tendencias experimentales anteriores a la combate civil –su padre, con el que empezó a trabajar a los 13 abriles, era Pere Català i Pic, representante de esa experimentación– , pero que en cambio se decantó por un trabajo humanista y documental que reflejara el mundo que le rodeaba. Con gran dominio formal pero además con enorme empatía y sin orillar el peso de la historia en un país que se recupera del horror de la combate y en el que toma imágenes en las que conviven caballos y carros con autobuses de dos plantas y lujosos coches. Y en las que una mujer retrata a una oportuno pareja en medio de las ruinas del Alcázar de Toledo. Y en las que los oficios más pobres y los barrios marginales se alternan con las escenas urbanas de una clase social en progreso y el auge del turismo de playa. Un mundo donde el cronómetro cambia de marcha: Català-Roca retrata el interior del que da la hora en la Puerta del Sol y, además, a las multitudes que se congregan debajo esperando el anuncio del Rechoncho de Navidad.

Català-Roca en PhotoEspaña, Sala el Águila

Interior del relog de la Puerta del Sol de Madrid en 1959, de Català-Roca 

REDACCIÓN / Terceros

“Estaba siendo declarante de cosas que desaparecerían rápidamente: había aparecido el 600”, aseguró el fotógrafo

Unas fotografías en las que Català-Roca no escatima humor y crítica social, como cuando inmortaliza a una monja dubitativa de espaldas a un tapia que anuncia en Murcia un gran ballet de disfraces y una verbena con Miss Minifalda incluida; o a un limpiador esperando clientes y otro lustrando los zapatos de un hombre con impermeable apoyado en el cartel de Pena Penita pena de Lola Flores en la Gran Vía barcelonesa; o a un niñito absorto frente al armario de una editorial en el paseo de Gràcia que anuncia con grandes trivio su colección El mundo pintoresco .

Vertical

'La cima', una de las imágenes más populares de la muestra de Català-Roca 

REDACCIÓN / Terceros

Soldados de la División Cerúleo que llegan en el Semíramis a Barcelona, la Sexta Flota y la prostitución, curas, mercado negro, guardias civiles con tricornio contemplando las barcas en la playa de Tossa, luego llena de turistas al sol, la Gran Vía madrileña repleta de terrazas de bares y presidida por el anuncio en un cine de Regalo para soltero de James Stewart... Un mundo en transformación en el que fotografía cosas a punto de perderse: “Me di cuenta de que estaba siendo declarante de cosas que desaparecerían rápidamente, al lengua de cinco abriles ya no habría podido hacerlas: había aparecido el 600, se metía por todas partes, la imagen de España cambió por completo”.

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