Maxim Ósipov explica cómo se ha “divorciado” de Rusia

No hace ni tres meses, Maxim Ósipov era un escritor y cardiólogo ruso que vivía entre Moscú y Tarussa, y explicaba a este diario, en una entrevista con Núria Escur, que, aunque estaba muy preocupado por lo que pasaba, no creía “que en los planes de algún esté que comienzo una guerrilla; el problema es que una guerrilla puede comenzar sin que nadie lo haya planeado”.

Hoy ya no ejerce de médico ni siquiera vive en Rusia, de donde huyó ya el 4 de marzo, en un proceso que asimila a un divorcio, explicaba ayer a La Vanguardia: “Fue como un divorcio. No puedo opinar concretamente qué nos hizo marcharnos aquel día, pero tenía la sensación de que no podía más, que era intolerable, me asfixiaba. Compramos un billete de avión a Ereván (Armenia) y nos fuimos”.

El escritor no se queja de su situación: “Yo sufro incomodidades, pero a los ucranianos los bombardean”

Asegura que no sintió la represión directa del Estado, pero sí indirecta, y que en todo caso como ruso se siente obligado a explicar que no apoya Putin. “Pero la propaganda es muy resistente: la clan que mira la televisión está perdida para siempre”.

Todavía no tiene claro qué hará, pero de lo que sí está convencido es que el confinamiento a la fuerza cambiará su forma de escribir: “Estoy condenado a estar en una situación en que no entiendo el contexto, no tengo matices”, y eso como observador de la verdad le afectará. De momento ha escrito un monografía sobre su huida: Frío, avergonzado y descocado.

Horas más tarde, en el Auditori del Disseny Hub de Barcelona, el autor de Piedra, papel, tijera (Asteroide/Club Editor en catalán) ampliaría el relato en el situación de los Diálogos de Sant Jordi que organizan esta semana las bibliotecas de la ciudad. En conversación con la escritora y traductora Marta Rebón, Ósipov aseguró que “Pushkin, Tolstói o Chaikovski sabrán defenderse, ahora no toca cuchichear de la civilización rusa porque en Ucrania caen bombas, lo que toca es cuchichear de la guerrilla”. Igualmente añadió que a pesar de considerarse un desterrado – todavía tengo la sensación de que sigo corriendo”– ha tenido la suerte de poder escoger, y no puede quejarse: “Yo sufro incomodidades, pero a los ucranianos los bombardean”.

Un rato ayer Blanca Llum Vidal y Agustín Fernández Mallo habían inaugurado los diálogos con una conversación guiada por Inés Mac­pherson sobre sus últimos libros: La princesa sou vós (Club Editor) y El tomo de todos los amores (Seix Barral), dos obras que giran más o menos del acto sexual con tantas diferencias aparentes como paralelismos sorprendentes. Del pantone del acto sexual de Fernández Mallo en las cartas de un presente antiguo de Vidal.

Para cerrar la excursión, la periodista Pilar Argudo conversó con tres escritoras con voz propia en torno a sus últimas novelas: Eva Baltasar (Mamut, Club Editor), Marta Carnicero (Matrioixques, Quaderns Crema) y Laura Gost (El món es torna senzill, Empúries).

Versió en català, aquí

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