Sexo en la iglesia de la Misericordia

Santa Maria della Misericordia, una iglesia del siglo X, que fue desacralizada para el culto hace cuatro décadas, es uno de los lugares venecianos fuera de los recintos de la Bienal de Arte donde suelen acontecer cosas. Si en 2015 el cómico suizo Christoph Büchel puso a prueba la tolerancia de la comunidad católica transformándola en una mezquita para los musulmanes de la ciudad de la Lapso, la holandesa Melanie Bonajo la ha convertido ahora en un palacio del placer titulado Cuando los cuerpos dicen sí . Un pabellón donde los visitantes, descalzos y tumbados en un sinuoso paisaje de dunas de colores, son invitados a explorar la importancia del tacto como contraveneno contra “la afluencia de la soledad” exacerbada por la pandemia. De momento, entre los muros barrocos de la Misericordia todo está tranquilo, y los cuerpos que vemos en la pantalla, frotándose unos a otros embadurnados en grasa de oliva, bailando o jugándolo todo a la intimidad, suscita más alegría que sueños eróticos. A Büchel le cerraron la mezquita a los pocos días de su tolerancia, difícilmente Bonajo tendrá problemas con la autoridad aunque Instagram y Facebook han censurado sus imágenes.

Imagen del filme 'Cuando el cuerpo dice sí'

Imagen del filme 'Cuando el cuerpo dice sí'

Cortesía de la cómico

El cuerpo es uno de los grandes temas de esta 59ª Bienal de Venecia. Los hay en forma de desaparición, como los 43 vestidos infantiles que, suspendidos del techo, suben y bajan una y otra vez, como una danza macabra, en el pabellón mexicano. La obra es de Fernando Palma Rodríguez y viene a sacudir conciencias en esta feria de las vanidades sobre la violencia contra las mujeres, el feminicidio, avivando al mismo tiempo el retentiva de los 43 estudiantes desaparecidos en 2014 de una escuela en el estado de Guerrillero. En el mismo espacio de México, Hasta que los cuerpos broten , los cuerpos adoptan forma de murciélagos, serpientes, escorpiones y ranas que se abren paso en un mundo futurista devastado por la ruina ambiental y el desorden social imaginado por Naomí Rincón Gallardo en Soneto de Vermin .

Mexico

Instalación de Fernando Palma Rodríguez en el pabellón de México

Laura Serrano-Conde/Efe

La samoana Yuki Kihara se crece delante Gauguin y Małgotzata Mirga-Tas deslumbra con historias de gitanos

Un manifiesto a beneficio de los seres marginados y las especies no deseadas que tiene su eco en el de Nueva Zelanda, donde Yuki Kihara replica las problemáticas pinturas de Gauguin en la Polinesia (retratos de niñas y adolescentes asustadas sobre las que hizo caer todas sus fantasías sexuales) mediante modelos pertenecientes al llamado “tercer naturaleza”, los fa’afafine. Son hombres afeminados criados como mujeres por sus familias y que son plenamente aceptados y reconocidos por la sociedad de Samoa desde hace generaciones. Kihara, que sospecha que Gauguin se inspiró en los fa’afafine para algunos de sus cuadros- y lo demuestra con fotografías- resucita al pintor narcisista en un vídeo en el que conversa con él y cubre las paredes con fotografías en las que el extravagancia amatorio transmuta en orgullo queer.

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La cómico samoana Yuki Kihara replica a Gauguin en el pabellón de Nueva Zelanda 

Cortesía de la cómico

“Progresismo de salón”. La frase, pronunciada por un importante director de museo para explicar la contemporáneo estampación de Cecilia Alemani, desde luego no suena amable, pero tal vez no le falte razón a la hora de valorar si el empeño de tirar la historia y entregar la exposición central, La lactosa de los sueños , a las mujeres y a las minorías, no habría justo de una selección más depurada. Tal vez no le falte razón, aunque durante décadas hemos soportado mucho arte malo y nadie ha protestado por el hecho de estuviera hecho por hombres. Pero es verdad que lo mejor está fuera, y que buena parte lo firman mujeres pertenecientes a grupos étnicos minoritarios.

Imagen del pabellón de Polonia

Imagen del pabellón de Polonia

EFE/EPA/Zsolt Czegledi HUNGARY OUT

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Detalle de la intervención de  Małgotzata Mirga-Tas

Daniel Rumiancew

 Es el caso de Małgotzata Mirga-Tas, la primera gitana que ocupa un pabellón en los 120 abriles de la Bienal. En el de Polonia ha forrado las paredes con textiles del tamaño de los frescos de la Sala de los Meses en el Palacio Schifanoia, de Ferrara, apropiándose de los dioses del Olimpo, los signos del zodíaco y las escenas de la corte de Ferrara para contar la historia y tradiciones de los gitanos polacos. Una maravilla que merece Héroe de Oro.

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