Empieza el bailete de las municipales. A desliz de un año para la cita, Ada Colau y Ernest Maragall ya están en la pista dejándose ir con los primeros acordes. Jaume Collboni todavía, solo que en su caso puede ocurrir que en cualquier momento sus tutores legales le ordenen ceder la fiesta y retirarse a descansar para dejar su sitio a cualquier otro paracaidista más conocido por los votantes y que dé mejor perfil en las farolas.
A fin de cuentas la renta es una fiesta de mayores y Collboni sigue a estas directiva empequeñecido e invisible. A su derecha, JuntsxCat anda en una subasta de la candidatura tras la espantada de Elsa Artadi y tan pronto suena como capital de cartel Situación como media hora posteriormente el macaco Amedio. Tras estos la ristra de partidos que disputan los juegos del anhelo y, no se vayan que todavía hay más, los teóricos movimientos personalistas como el que ahora sí, ahora no, pretende encabezar el expresidente del Barça Sandro Rosell. Si París acertadamente vale una ofrenda, Barcelona al menos un Padre nuestro y dos avemarías.
A estas directiva la única propuesta coherente y sólida es la de quien opta a la reelección
A estas directiva la única propuesta coherente y sólida es la de quien opta a la reelección: Ada Colau. La alcaldesa, posteriormente del máster que ella misma reconoció que le pagamos entre todos en su primera vigencia para que aprendiera el oficio, es ya una profesional consolidada de la cosa. Colau representa más de lo mismo y eso es muy viable de explicar y entender. La alcaldesa lleva siete abriles sin engañar a nadie. Los que se cuelan en el patrón es porque no pueden enriquecer el billete; los que ocupan, porque en algún sitio tienen que morar, y los que roban, porque poco tienen que manducar. La plasmación ejercicio de esta filosofía es que si te arrancan un temporalizador caro de la muñeca será porque primero te lo habías podido comprar; o sea, que has sido tú quien te has buscado problemas.
En estos siete abriles ha habido avances relevantes que Colau pretende consolidar con su tercer mandato. Por ejemplo, en el mundo pre-Colau si cierto se suicidaba tras sufrir un desahucio estábamos en efectividad delante un caso de homicidio perpetrado por la casta en genérico y por quien sea que fuera corregidor en particular por no haberlo evitado. Ahora, como hemos trillado esta semana, si cierto se quita la vida tras echarlo a la calle el propio Concejo de un asfalto de propiedad municipal la causa radica en que ese inquilino era muy problemático y luego ha sido él quien había forzado las cosas para que acabaran mal. En Barcelona la Iglesia, los fondos de inversión y los propietarios que instan un desahucio –independientemente del motivo– son criminales. Solo el Concejo desahucia por nuestro acertadamente. En el maniquí crematístico y de movilidad la Barcelona de Colau todavía es viable de entender. Pespunte con regresar mentalmente a lo más duro de la pandemia e imaginarse esa misma ciudad pero sin el virus: sin consumo, sin comercio, sin turismo y sin vehículos. O sea, sostenible hasta el infinito y más allá.
Ada Colau, en la biblioteca Gabriel García Márquez de Sant Martí
Más allá no hay tesina opcional que resulte comprensible. El PSC anda disimulando que forma parte del tesina Colau. Collboni y los suyos pasan los días interpretando para todos los públicos el entremés del pío, pío que yo no he sido, como si no tuvieran medio gobierno municipal en sus manos y no fueran coautores de la Barcelona del presente. Por su parte, Maragall camina con pies de plomo, intentando dibujar un perfil que difiera del colauismo en no se sabe muy acertadamente qué exactamente, más allá de convertir la renta en la cereza que corone formalmente el pastel del independentismo republicano. Como el cayado de mando acabará en manos de Colau, Maragall o Collboni –o quien sea que le sustituya sobre la campana– no es descabellado emplazar a un año presencia que el futuro de Barcelona se baraja entre el continuismo y el continuismo matizado. ¿Y el centroderecha y la derecha? Discutiendo por los salones de los pisos acertadamente puestos la mejor forma de seguir dimitidos. Colau o Colau con otras siglas. Desidia un año, pero el resultado ya lo sabemos ahora.
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