Retorno a Margate

En la inventario de pelis pendientes de ver llevaba un montón de abriles Mr. Turner, de Mike Leigh (2014). Recoge los últimos veinticinco abriles de la vida de uno de los grandes pintores del periodo romántico. No la eliminaba por el placentero rememoración de favor pasado sus cuadros en la Tate de Londres, pero no encontraba el momento de darle al play. Es un poco larga (151 minutos), la intuía lenta, no tenía ninguna narración; de esas que dan pigricia, vaya.

Y, claro, al fin la he pasado. Un sábado por la incertidumbre al salir de la exposición Turner. La luz es color. Todo tiene su momento y este no podía ser mejor. Ahora o nunca, pensé. Conocer al personaje en movimiento, interpretado por Timothy Spall, con los cuadros frescos en la memoria fue todo un regalo.

Turner vive la tormenta amarrado al palo maduro del barco para luego pintarla

Turner estaba obsesionado por la naturaleza, por los fenómenos meteorológicos extremos, para transmitir la luz que transformaba en color. En el MNAC se exponen, entre otros, óleos y acuarelas de paisajes de Margate. En la película, William Turner llega a este pueblo en barco. Pelliza, chistera, el paraguas que anda con él y los utensilios de pintar colgados al hombro. Pide alojamiento. La casera le explicaba: “Dicen que este pueblo es el primer extensión de Inglaterra donde toca el sol por la mañana”. Él se queda afónico, pero su ojeada refleja que por eso ha venido y por eso ha pedido la habitación exógeno, con vistas al mar.

Turner contaba que se había amarrado al palo de un barco para ensayar la tormenta. Y así lo recoge una de las escenas más bonitas de la película: sale temprano de la casa de huéspedes de Margate, con el sol amaneciendo y el mar en calma. En el fotograma subsiguiente, está amarrado al palo maduro del barco. El tripulante que lo ayuda con las cuerdas le dice: “Si me lo permite, está como una regadera”. La tormenta lo rodea, el movimiento salvaje del barco, la profusión, los copos de cocaína en la cara, por el cuerpo, acaba empapado. Ya en casa, lo vemos tosiendo, envuelto con una frazada: un trancazo de aquí te espero, con diagnosis de bronquitis. Y pinta la tormenta, claro. La tormenta vivida en pura carne. Con los abriles, en el curso de homicidio pronunciará la frase que se ha hecho famosa: “The sun is God”.

Como aperitivo o de postre, da igual el orden, la película Mr. Turner es un complemento inexistente para la exposición del MNAC, que puede encontrarse hasta el 11 de septiembre.

Post a Comment

Artículo Anterior Artículo Siguiente