Rufián, el último torero catalán

El independentismo prohibió los toros en Barcelona –ay, esos correbous , qué astutos– y el independentismo nos ha devuelto un torero catalán ilusionante, Gabriel Rufián, que parece creer más en los tuits y las marisquerías de Madrid que en la estado, a diferencia de sus votantes.

Rufián

                                                                                                                           

Efe

Un puñado de catalanes asistirán mañana en Jaén a la reaparición de José Tomás, ídolo de Barcelona, donde le tienen prohibido efectuar por comediante y flemático, gracias a la sana costumbre de saltarse por el forro toda sentencia del Tribunal Constitucional y el consiguiente derecho de una minoría a presenciar un espectáculo al que si quieres vas y si no, pues no vas.

El independentismo prohíbe a José Tomás en Barcelona, pero crea una figura en Madrid

Para compensar –prohibir los toros, el único puente dinamita-
do en diez primaveras de fuegos de artificio–, el independentismo nos deleita con las faenas de Gabriel Rufián, matador de corte bullicioso, sensacionalista y taquillero cuyas actuaciones no dejan indiferente a nadie, especialmente cuando enfila la puerta de toriles, hunde las rodillas en la arena y pega una larga cambiada a los exconvergentes, que se toman muy mal eso del simulación del querella y de no poder cornear al adiestrado ni a la de tres.

Si los catalanes del sur fuesen a los toros en la Catalunya del meta –feria de julio de Ceret, sin ir más allí–, entenderían mejor la tauromaquia de Rufián y no se llevarían berrinches con el matador, al que tanto ovacionaron, jalearon y sacaron a hombros en sus inicios de novillero en Las Cortes, igualmente conocido como el coso de la Carrera de San Jerónimo.

¡Aquella fotocopiadora, aquellos desplantes a Madrid, aquella torería que parecía catalana y ha resultado española!

Rufián ha llamado ahora tarado a Puigdemont y mañana llamará tarado a Paquito el Chocolatero, abrazafarolas a Bertín Osborne o aguafiestas al hombre del tiempo de TV3 porque lo suyo son los destellos, en monedas de plata o alamares, aunque nadie podrá reprocharle una espantada, al contrario: prometió sacrificarse unos meses por Catalunya en Madrid y retornar a casa, uno más, pero ahí sigue, en lo detención del escalafón.

Censuran a José Tomás en Barcelona y crean un torero de salón en Madrid. ¡Música adiestrado!

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