La guerra y los niños

Mateo juega en el patio del colegio a matar a Putin, repartiendo puñetazos a sus compañeros, que huyen despavoridos. Su profesora le regaña y se desespera hablando de convivencia en el clase. Los padres de Mateo no entienden nadie. De regreso a casa le aleccionan: ¡pórtate acertadamente!, ¿por qué pegas? Mateo calla. Mientras cenan, en la televisión hablan de cepa y asesinato, de seres humanos que huyen y otros tales que atacan.

Esta sencilla viñeta, tan frecuente como terrible precisamente por lo habitual, es la excusa para divulgar una serie de preguntas que los que trabajamos con la infancia nos hacemos: ¿cómo están viviendo los menores esta desavenencia, tan dolorosa como mediática? ¿Es necesaria tanta violencia explícita en pantalla? Todo, sea verdad o ficción, cerca de igual en el visor de una cámara.

¿Quién se ocupa de objetar sus preguntas, consolarles en sus miedos, contener sus angustias…?

A los de mi vivientes nos conminaron a no dejar nadie en el plato con la sentida consigna: “¡una desavenencia teníais que ocurrir!”

Albertina Galiano Rodríguez

Madrid

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