Existen viejas creencias que saltan de boca en boca como una ristra y, como en un campo sembrado de minas, cualquier paso lleva al estallido. El posterior hombre emparenta la enfermedad mental con la cariño constitucional propia de criaturas infrahumanas. Hay espíritus elevados que sentencian que estar deprimido o alcohólico es fruto de una voluntad frágil o del vicio. Los magos ven la alienación indescifrable y la elevan a la cima de la agudeza, de la superhombre. Los doctos reducen la vida de una persona con un cuadro psicótico a un ir y venir de átomos, a una mama “esquizofrénogena”, a una sociedad loca que castiga a las “almas puras”. Sus disputas desconciertan e impiden entender el sufrimiento psíquico en toda su complejidad.
Soldados rusos en Ucrania 
Desprecio su despreciar.
Los monstruos nos habitan: la pandemia, la conflagración, la emergencia climática, las desigualdades, la polarización de los hombres. Rompen la belleza y la inocencia de los niños, les hacen desear la asesinato.
Sé un hombre superior. Palabra sin vergüenza del hundimiento, del ocaso para no añorarlo. ¡Esto es lo que os digo, cobardes!
“Peace will come, a peace will come, a peace will come in time. Time will come, a time will come, a time will come for us” (Spinning Song de Nick Cave & The Bad Seeds)
Publicar un comentario