Ray Liotta (1954-2022): Gángster, psicópata y, a veces, un ser normal

Unos luceros celestes que tanto podían exigir piedad o compasión como expresar el mal en estado puro. Y un rostro berroqueño, esculpido en la piedra, como el de Humphrey Bogart. Son los dos rasgos físicos esenciales de Ray Liotta, el actor fallecido ayer, a los 67 abriles, en la República Dominicana. Dos rasgos que supo explotar en la gran pantalla y le dieron auge. Nacido en 1954, en Newark, Nueva Chaleco, estudió gala en la Universidad de Miami y comenzó su actividad profesional en 1980, en la televisión. Participó en series, entre ellas Casablanca , el insensato remake del clásico de Michael Curtiz, donde David Soul, el Hutch de Starsky y Hutch , interpretaba al icónico Rick y Liotta un papel muy secundario, Sacha, encarnado en 1942 por Leonid Kinsley.

La división de los noventa comenzó para Liotta tocando techo, con ‘Uno de los nuestros’, de Scorsese

Tras mucho fogueo catódico, la gran ocasión de alarde llegó en 1986, con Poco salvaje , la excelente comedia con fondo criminal de Jonathan Demme protagonizada por Jeff Daniels y Melanie Griffth. Liotta fue allí el inolvidable plebeyo, un psicópata de primer orden en una de esas composiciones que no se borran fácilmente de la memoria. Cambió inmediatamente de registro en La fuerza de su ser beocio , una película de Robert M. Young con un enorme parecido con Rain man : la relación entre dos hermanos, uno de ellos (Tom Hulce) deficiente mental; el hermano Liotta lo protegía y juntos hacían además un alucinación, como Dustin Hoffman y Tom Cruise en el filme de Barry Levinson. Liotta tenía momentos de sensibilidad notables. Campo de sueños , una filfa sobre el béisbol y el sueño amerindio, emparejó al actor con Kevin Costner y no desaprovechó la ocasión.

Tras mucho fogueo catódico, la gran ocasión de alarde le llegó en 1986, con ‘Poco salvaje’

La división de los noventa comenzó para Liotta tocando techo: Uno de los nuestros , de Scorsese, la obra por la que pasará a la historia, ahora cara a cara con Robert De Niro en un deportivo igualada de actuaciones magistrales (inmerecidamente, ninguna de las dos nominada al Oscar). Liotta interpretó a un mafioso de segunda verídico, Henry Hill, y supo modular el carácter creciendo en intensidad y matices a lo dispendioso de casi tres horas de metraje y varias décadas en la ficción. Lamentablemente, la filmografía del actor empezó de inmediato a caer en picado. A Uno de los nuestros le siguieron títulos rutinarios que no le hicieron ningún auxilio, generalmente thrillers, filmes policiacos o de batalla en los que compartía la colchoncillo del reparto con otro actor conocido: Paro clínico (con Kiefer Sutherland), Falsa seducción (con Kurt Russell, donde Liotta volvía a ser un psicópata infernal), Cop land (con Sylvester Stallone) o Narc (con Jason Patric, que los dos, por cierto, presentaron en el festival de Sitges; Liotta se dejaba ver por el Carrer del Pecat de la forma más natural del mundo, sin divismo). Probó la comedia sentimental de sabor agridulce en Corina, Corina, al banda de Whoopi Goldberg, encarnando a un tipo popular, de corazón aristócrata, pero la experiencia no cuajó.

En este dispendioso período monótono, volvió a estar puntualmente renombrado en Hannibal , de Ridley Scott (la terreno en que Anthony Hopkins se deleita, textualmente, con su cerebro es antológica), y muy especialmente en Mátalos suavemente , de Andrew Dominik, otra de gángsters, formando parte de un índice brillante (Brad Pitt, James Gandolfini, Richard Jenkins y otros reconocidos talentos); su abatimiento y crimen, en la calle, de tinieblas, bajo la copia intensa, forma parte de sus grandes momentos. En fechas más recientes, su décimo en la magnífica Historia de un boda , de Noah Baumbach, aunque en un rol breve, merece igualmente el rememoración. Consciente de que sus abriles de honor ya quedaron a espaldas, Ray Liotta no tuvo inconveniente en reírse de sí mismo (su muy divertida aparición en un episodio de Modern family ) o en apuntarse a comedias paródicas delirantes, como su cameo en El Halloween de Hubie , una hilarante marcianada de Adam Sandler. En todo momento, aun en los títulos más mediocres, su presencia era bienvenida: Liotta tenía gracia, carisma, siempre.

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