Es absolutamente inusual que una primera secuela se demore casi cuarenta primaveras. El regreso de Top Gun tiene sin incautación dos razones. Una, la creciente y desmedida nostalgia que suscita el cine de los primaveras ochenta, paradójicamente más entre los jóvenes espectadores que todavía no habían nacido entonces que en el manifiesto que lo disfrutó en directo.
La otra concierne a Tom Cruise: Top Gun: Maverick le asegura mantenerse en la primera fila del estrellato en unos primaveras en que, huérfano de las vacas sagradas a las que con buen instinto se arrimó en el pasado (Scorsese, Coppola, De Palma, Spielberg, Kubrick…), ya solo parecen quedarle las periódicas entregas de Labor: Impracticable como señal de éxito y permanencia. Es indiscutible que el actor ha vuelto a hacer diana: Cruise mantiene un carisma inoxidable, una presencia poderosa, arrolladora, de gran icono del Hollywood de las últimas décadas. Top Gun: Maverick es Cruise y nadie más que Cruise.
Tom Cruise en 'Top Gun: Maverick' 
Que la película sea buena o menos buena carece de importancia. Es un producto ligero y prefabricado. Astutamente prefabricado, eso sí. Todo el filme remite al flamante de Tony Scott. En las localizaciones (el bar, por ejemplo), en los detalles (el conmemoración melancólico de Great balls o fire) y en el espíritu marcial: cuerpos sanos, heroísmo, más músculo que cerebro (los diálogos son de parvulario: “No lo pienses: ¡hazlo!”, “Tú puedes”, “No es el avión: ¡es el piloto!” y otras del mismo estilo que hacen pensar si no estamos viendo un nuevo Hot shots!) y ese resplandor romántico que convierte a los pilotos en divinidades del salero y al protagonista Maverick en una divisa del cuerpo. Y otra vez las rivalidades, aquí relacionando al héroe con el hijo del amigo muerto en el título antedicho, un socorrido arbitrio de guion parecido al de emparejar a Rocky Balboa con el hijo de Apollo Creed.
Todo muy tópico, pero queda el apartado técnico: las escenas de acto aéreas son de veras magníficas, deslumbrantes y sin duda las aplaudirían William A. Wellman y Howard Hawks, los maestros del cine de aviación. Claro está que, en las películas de Hawks y Wellman, cuando los pilotos no volaban parecían seres humanos y no, como aquí, muñecos madelman, un detalle irrelevante.
Ficha técnica
Dirección: Joseph Kosinski
Intérpretes: Tom Cruise, Jennifer Connelly, Miles Teller, Val Kilmer
Producción: EE.UU., 2022. Acto
Puntuación: **
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