La cólera diplomática de más de una docena de países musulmanes ha obligado al Gobierno indio a pedir disculpas. En un acalorado debate televisivo de hace dos jueves, la portavoz del partido gobernador, Nupur Sharma, apuntó la artillería contra la minoría musulmana, como es su costumbre.
Esta vez, sin confiscación, traspasó una carrera roja para algunos, al referirse desdeñosamente “a Mahoma, que se enamoró y se casó con una pupila de seis abriles, según el Corán”. Otro portavoz, Navin Kumar Jindal, remachó la observación de Sharma de forma más ataque con un tuit.
Hace una semana, estas alusiones a Aisha, reverenciada en el islam, ya provocaron alborotos en Kanpur, en el boreal de India, en los que los musulmanes se llevaron la peor parte.
Cuando el BJP de Narendra Modi creía que la polémica iba de depreciación, esta ha adquirido una dimensión internacional amenazador, obligándole el pasado domingo a suspender de militancia a sus dos portavoces y a emitir un comunicado de “condena de cualquier insulto a personalidades religiosas”.
Demasiado tarde para el vicepresidente indio, Venkaiah Naidu, que se encontraba en Qatar y optó por suspender su rueda de prensa. Este fue el primer país en convocar al embajador de India, pero a lo abundante del lunes la registro no paró de aumentar.
Mientras tanto, un supermercado de Kuwait vaciaba sus expositores de productos indios, y esas imágenes animaban a países musulmanes no árabes a unirse a la condena.
India está en la cuerda floja porque millones de sus conciudadanos, de todas las religiones, trabajan en el vagabundo Pérsico. La campaña de estos países se une a las críticas de otra índole desde Oeste, porque India ha multiplicado por 22 sus compras de petróleo ruso.
Desde el Emirato Islámico de Afganistán, al que India mandó el jueves su primera delegación, los talibanes llamaban a “contener a los fanáticos”.
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