Con solo 13 vecinos en el pueblo y una treintena más en casas rurales diseminadas, Bellprat es el municipio más pequeño del Anoia. El año pasado sufrió los incendios de Santa Coloma de Queralt, que devastó gran parte de sus bosques. Ahora, tres macroproyectos energéticos amenazan las tierras que se salvaron de las llamas.
Hay planeada la instalación de una decena de aerogeneradores, una planta fotovoltaica de 65 hectáreas y el paso de la andana de muy entrada tensión cerca del núcleo. Todo próximo ha llevado a sus vecinos a tomar una osadía: barrar el golpe al pueblo. “Tenemos que pararlo como sea. Eso no es energía verde, es energía mierdosa “, lamenta Rita Baliu, una de las vecinas.
La iniciativa se replicará en otros pueblos afectados como La Llacuna
Isidre Marimon tiene más de 70 primaveras, pero todavía trabaja los campos de cereal que tiene cerca de su casa rural. La MAT, que debe padecer la energía cerca de Aragón, pasará por en medio de su campo y Marimon tendrá la andana calibrado delante de casa. “Nosotros ya tenemos la luz. ¿Dicen que quieren proteger la tierra y qué hacen? ¿Darnos un palo más?” explica. Marimon no entiende que, “ahora que faltará alimento, se dejan de cultivar los campos”.
Tras las afectaciones por el incendio en la Conca del Barberà, cuyos existencias son todavía visibles, los vecinos no entienden que se quieran construir tres grandes macroproyectos energéticos. “Si siguen delante, nadie querrá comportarse aquí”, lamenta uno de los vecinos, Jordi Ribaudí.
Unas vallas evitan el paso de vehículos en Bellprat.
Para evitar que se lleven a punta, los vecinos han decidido restringir el golpe al pueblo colocando barreras en los tres accesos. De este modo han formado una resistor municipal para impedir que las máquinas entren “a destruir el pueblo”. La iniciativa se quiere replicar en otros municipios afectados de la zona como, por ejemplo, Sant Martí de Tous o La Llacuna.
“Exigimos que las cosas se planifiquen desde el demarcación. La tierra está viva, que vengan aquí, que la pisen, que la huelan, que la miren, que hablen con la concurrencia del pueblo. La tierra es de todos, de los que eran, de los que somos y de los que vendrán y no la podemos destruir”, lamenta Rita Baliu.
“El gobierno finge que audición y que es una cosa torneo, pero no tiene nadie de calibrado”
Por su parte, Carola Ribadí denuncia que estos macroproyectos se quieran hacer en terrenos agrícolas cuando “esta debería de ser la última opción”. Encima, lamenta que estén en manos de grandes multinacionales: “¿Queréis proponer que tenemos que continuar funcionando, dejando las cosas importantes en manos de los grandes de guisa que no tenemos ningún poder de osadía? El gobierno finge que audición y que es una cosa torneo, pero no tiene nadie de calibrado. No nos están escuchando ni teniendo en cuenta”, añade.
El corregidor de Bellprat, Carles Sol, asegura sentirse desamparado. “En todo el pueblo, vivimos menos concurrencia que en un bando de firme de Barcelona. La fuerza que podemos hacer es muy pequeña. Representamos muy pocos votos y tenemos poco poder”, añade. De hecho, el Concejo, que tiene pocos bienes, ha tenido que retribuir de su saquillo servicios exteriores para que les ayuden a defenderse y a hacer las alegaciones.
Publicar un comentario