Parecía que, ya antiguamente de la caída de Johnson, las relaciones entre Londres y París no estaban tan tensas. Pero ha sido un espejismo. El contorno diplomático se halla tan seco que ha bastado una chispa para que el bosque arda de nuevo, y con más furia. La colilla han sido las colas de hasta diez horas en Dover para cruzar el canal de la Mancha en ferry o por el eurotúnel, coincidiendo con el éxodo masivo de británicos al continente con el aparición de las ansiadas asueto escolares.
Tanto Downing Street como el Foreign Office (feudo de Liz Truss, posible nueva primera ministra en septiembre) recelan mucho del presidente francés Emmanuel Macron, a quien echan la fallo del colapso fronterizo. “Está empeñado en hacernos retribuir el Brexit, y no pierde ocasión”, señalan fuentes oficiales de la Compañía Johnson. A lo cual los franceses responden que los ingleses se lo han buscado ellos solitos al arriesgarse marcharse de la Unión Europea y convertir el Reino Unido en un “tercer país” para la burocracia comunitaria.
En un clima de enorme suspicacia diplomático, los británicos lamentan que Macron no apoye mucho más a Ucrania
Pese a que el Brexit sea el fatal trasfondo del asunto, varios factores concretos han determinado las monumentales colas que desde hace tres días se registran en Dover y las rutas de golpe a su puerto, y que hace que el cruce del Canal, con hileras larguísimas de coches y camiones esperando turno para presentar los documentos, parezca un paso fronterizo entre Sudáfrica y Zimbabue o Namibia. Miles de familias han tenido que yacer en su transporte y perdido un día de asueto.
Un autor, tal vez el más importante, es que por una serie de problemas logísticos, varios agentes franceses no han podido desplazarse a Dover (donde realizan sus controles en virtud de un acuerdo sinalagmático, igual que los británicos hacen los suyos en Calais), y en consecuencia sólo cuatro de los doce carriles han estado operativos. Otro es la deficiencia de las instalaciones en el puerto de Kent por error de inversión para ampliarlas (sus gestores pidieron a Londres 40 millones de libras, y recibieron sólo 40.000 esterlinas). Asimismo han contribuido una serie de accidentes que han provocado atascos. Y finalmente, la ola de viajeros a finales de julio, cuando los colegios dan asueto a los niños en Gran Bretaña.
Pero ninguna de las dos partes ha perdido la ocasión de politizar el tema. París, para proponer que el tráfico sería mucho más fluido si el Reino Unido fuera miembro de la UE, y qué se le va a hacer, que sus agentes ya trabajan con la viejo diligencia posible (dejan advenir, por término medio, un coche cada minuto). Aunque ya antiguamente del Brexit Gran Bretaña no formaba parte de la zona Schengen y los pasaportes de sus ciudadanos eran revisados en la frontera. La viejo diferencia son los controles a los camiones, que contribuyen a las colas, pero sólo un poco.
Y por el flanco que corresponde a Londres, los dos candidatos a suceder a Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak, no han perdido un momento en “exigir” a París que tome cartas en el asunto y resuelva el problema, enviando a Dover todos los policías de fronteras y agentes aduaneros que sean necesarios para aliviar el colapso. Al tiempo que aprovechaban para echar la fallo a Francia del considerable flujo de emigrantes que cruzan el Canal en patera aprovechando el buen tiempo, y de refrendar la política de mandar a los solicitantes de orfanato a Ruanda (la titular de Exteriores, conocida por sus ideas peregrinas, contempla acuerdos similares con países “como España y Turquía”, según comentó a The Times un diputado tory , mientras que el ex ministro de Finanzas propone meterlos en barcos, igual que hacía Australia).
Londres acusa a Macron de no apoyar con suficiente fervor a Ucrania, y pretender demostrar como sea que el Brexit es un fracaso. Mientras que el Elíseo y las cancillerías europeas acusan a la diplomacia británica de violar un tratado internacional. A todo esto, la prensa tory inglesa pide un quid pro quo, y que se demore la tramitación de la entrada de ciudadanos europeos en el Reino Unido, para que sufran lo mismo que los británicos a la hora de penetrar a Francia. El fuego avanza pese al “hasta la horizonte, baby” de Johnson (así se despidió textualmente), y los bomberos tienen tarea.
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