Faltaban seis kilómetros de Tour y ya había sonado la campana que anuncia la última revés a los Campos Elíseos cuando Tadej Pogacar arrancó. Hasta el posterior día el esloveno, campeón saliente y caído, dio supresión y ha convertido el de 2022 en uno de los Tours más espectaculares.
En su parlamento en el podio, en el atardecer parisino, Jonas Vingegaard dedicó unas palabras al segundo clasificado y gran rival. “Gracias por la lucha”, le dijo al esloveno. No es para menos. Desde que perdió el maillot amarillo en el Granon, Pogacar jugó para triunfar el Tour. Pese a la superioridad del Jumbo y a que no tenía las piernas de otros abriles, el ciclista del UAE lanzó tres ataques en Alpe d’Huez, tres más en Mende, lo intentó subiendo y bajando el port de Lers, aisló al líder en Peyragudes y demarró cinco veces en Spandelles hasta que se cayó en el descenso por arriesgar al término.
Al ataque
Desde que perdió el maillot amarillo, el ciclista del UAE atacó en Alpe d’Huez, en Mende, en el port de Lers, y demarró cinco veces en Spandelles hasta que se cayó
No había habido una ronda francesa más divertida en décadas. Por emoción, por tácticas, por brillo, por desfallecimientos, por obra y simpatía de Van Aert, por dureza y por velocidad.
Claro que se recuerda y se recordarán la gran sorpresa del transformación de Pogacar a Roglic en la cronoescalada a la Planche en 2020, el duelo Contador-Andy Schleck en 2011, el gran ataque de Pantani a Ullrich en el Galibier en 1998 o el récord de cinco seguidos de Indurain, pero quizás haya que rotar la inspección 33 abriles, hasta 1989, para encontrar parangón.
Los 8 segundos entre Lemond y Fignon
Por segunda vez en la historia los tres ciclistas del podio tienen ya una trofeo; la otra fue en 1989
Sí, al Tour que se decidió el posterior día y solo por 8 segundos a beneficio de Lemond y en detrimento de Fignon. El tercero fue Delgado a 3m34s, de los cuales 2m54s se los dejó en el prólogo de Luxemburgo cuando se perdió en la salida. El francés arrebató dos veces el amarillo al estadounidense y Lemond lo recuperó otras dos, la última ya en París.
En toda la historia del Tour, nacido en 1903, solo hay dos podios con tres ciclistas que ya fuesen campeones. Uno es ese. El otro es el que acabó el domingo: Vingegaard (2022), Pogacar (2020 y 2021) y Geraint Thomas (2018).
Discreto
El danés es metódico, obediente, reservado y poco legado a la elocuencia. Ni en el Granon ni Hautacam levantó los dos brazos, solo uno
“Yo solo he corrido uno pero ha sido un Tour magnífico. De los que retentiva, el mejor”, confiesa Quinn Simmons en el aeropuerto Charles de Gaulle. El estadounidense del Trek, de 21 abriles, calza unas sandalias Birkenstock con calcetines posteriormente meterse en cinco escapadas y salir a tres horas y media del vencedor. “Iban muy rápido. Es impresionante cómo han corrido”.
Simmons piensa que hay rivalidad para abriles. “Los dos tienen cualidades para triunfar varias veces más”. El choque no será solo deportivo, sino cultural y de relato. Vingegaard (25) no puede ser más dispar que Pogacar (23).
Una sonrisa andante
El esloveno es voluntario, impulsivo, osado y se plantea el oposición de triunfar todos los monumentos
“El triunfo de un discreto”, definió L’Équipe al danés, metódico, obediente, reservado y poco legado a la elocuencia. Ninguna de las dos veces que ganó, ni en el Granon ni Hautacam, levantó los dos brazos. Cero de efusividad. Su ritual era platicar por teléfono al instante con su pareja, Trine. “Hemos seguido el plan”, dijo para resistir de amarillo a París y sobrellevar la notoriedad a Dinamarca.
En cambio, el esloveno es una sonrisa andante. Pogacar es voluntario, impulsivo, osado y se plantea el oposición de triunfar todos los monumentos. Este año ha sido séptimo en Sanremo y cuarto en Flandes, y ya tiene la Lieja y Lombardía. Por su parte, Vingegaard vive por y para el Tour. Tan diferentes y condenados a enfrentarse. “Nos llevamos correctamente. No quedamos posteriormente de las carreras pero nos respetamos”, explica Jonas. Ahora mismo el pelotón solo puede pensar que en 2023 llegará el segundo de Jonas o el tercero de Tadej. “Sois unos asesinos”, gritó Lapize tras coronar primero el Tourmalet en 1910. Nadie está a la mérito del primero y segundo. Este ha sido un Tour salvaje.
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