Globalización ‘just in case’

Que la globalización ya no es lo que era, es un hecho. Hablaba de ello en esta misma página el pasado domingo el profesor Ferràs. Toda una serie de eventos no previstos —que no imprevisibles— están afectando a los fundamentos de la riqueza entero. No es que no lo supiéramos. Hace primaveras que es en lo único que coinciden los de un banda y otro de la valla que separa a congresistas de manifestantes en Davos. He asistido a demasiadas sesiones del Foro Financiero Mundial donde se hablaba de la exigencia de otra globalización y de refundar el capitalismo (algunas parecían asambleas de la CUP, hasta la hora de acaecer a la energía, claro). Igualmente he pabellón a Bono demasiadas veces murmurar capitalismo y globalización. En 2019 en una mesa sobre “optimismo” con Christine Lagarde y el presidente de Ruanda Paul Kagame afirmaba que el “capitalismo no es inmoral pero es amoral”.

Nadie puede desmentir que Bono sea una autoridad en globalización. En 2015 decía que su familia U2 había pagado “una fortuna en impuestos” y que por eso habían decidido trasladar sus negocios a los Países Bajos. Igualmente salía en la filtración de los Paradise Papers de 2017 como titular de una empresa con sede en Malta, que incorporaba una empresa de Lituania y, a pesar de ocurrir obtenido beneficios, no había pagado ahí ningún impuesto. Más tarde, la empresa fue transferida a la isla de Guernsey. Yo incluso sería eufórico si fuera Bono en los felices 2019.

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Un chip en un dispositivo electrónico 

YVES HERMAN / Reuters

Los de un banda y otro de la valla de Davos incluso coinciden en una cosa: sus estilos de vida son fruto de la globalización. Los iPhones de unos y otros —“Designed by Apple in California”— están ensamblados en la factoría que la empresa taiwanesa Foxconn tiene en la provincia china de Shenzhen con componentes procedentes de más de una docena de países. Y de ahí alrededor de todo el mundo. El proceso de fabricación del iPhone por un banda y la ingeniería financiera de Bono por otro sirven para ilustrar qué es efectivamente la globalización. Lo que se entiende comúnmente por globalización es el movimiento de materias primas, productos finales y personas entre puntos distantes del planeta.

Pero hay otra, inseparable de la física y que se ha mostrado con toda su fuerza esta última ola: la globalización de la información. Bono puede construir su edificio financiero porque la información de los mercados llega al instante a su iPhone. Por eso las grandes migraciones de la prehistoria o la presentación de los europeos a América no se pueden considerar ejemplos de globalización. Podríamos situar su principio auténtico a finales del siglo XIX cuando los motores de vapor sustituyeron a los de vela y todos los continentes quedaron unidos por cables submarinos. Fue el momento en el que la información de precios, disponibilidad, propuesta y demanda fue accesible a nivel entero. Por primera vez en la historia un productor de madera de Ontario podía memorizar si le convenía más traicionar en Canadá, enviarla por barco a Londres o dejarla en el almacén.

Movimientos globales

Con lo único que coinciden los de una y otra parte de la valla que separa congresistas de manifestantes en Davos es en que es necesario refundar la globalización

Las próximas oleadas globalizadoras fueron surgiendo con la emergencia de nuevas tecnologías de la información y la comunicación y con las sucesivas mejoras en motores y combustibles. A la globalización del vapor y el telégrafo/teléfono, le siguió la del avión y la radiodifusión que con la presentación de los motores de turbina, los contenedores y los chips nos ha llevado a la coetáneo: la del transporte oceánico de contenedores, internet y China. Si desea visualizar las tres fuerzas en energía sólo tiene que ir a marinetraffic.com y centrar el atlas en la costa de China (descargo de responsabilidad: es muy adictivo).

Este maniquí tiene sentido desde un punto de clarividencia financiero —es lo que le permite comprar un artículo de 1€ en AliExprés y que no le cobren sus portes— pero deja de tenerlo desde un punto de clarividencia social o existencial. Con la pandemia vimos cómo con el 70% de los guantes fabricados en China los estados compitieron entre ellos en una carrera macabra para exceptuar a los suyos mientras intermediarios, aprovechados y desalmados (valga la pleonasmo) hacían el agosto. Sin la globalización de la información de muertes esto no habría sido posible.

La globalización coetáneo es la de los chips, la de internet y parece que hemos superpuesto mal estas tecnologías. Creada inicialmente con tecnología abierta, sin un centro y accesible para todos, hoy la web es propiedad de unos pocos —accedemos desde un iPhone de Apple o un Android de Google— y para la gran mayoría es correspondiente de Facebook, Instagram, Twitter o TikTok. La globalización física no es inmune al caos de los flujos de información actuales –o de desinformación– ni a su centralización en unos pocos nodos con demasiado peso. Sin cambiar una no vamos a cambiar la otra.

Cambios

La esclavitud de distribución entero de información incluso debe acaecer del just-in-time al just-in-case en esta nueva era

El profesor Ferràs argumentaba que en la “reglobalización” las empresas ya no buscarán el coste más saldo, sino el mejor coste, pasando del just-in-time (comprar instantáneamente y cuando se necesite) al just-in-case (acumulación de inventarios estratégicos). Uno y otro conceptos y la exigencia de acaecer de uno a otro son aplicables incluso a los bits. El just-in-time informativo es la última hora, el posterior tuit, el posterior rumor, información macdonalizada que compramos instantáneamente y que no acumulamos. El just-in-case son las matemáticas, la física, la música, la filosofía, la letras y lo que de modo inmediata quizás no nos sirve pero que nos puede ayudar para la próxima crisis no prevista.

Un apunte final: si en vez de estar pendientes del just-in-time —instantáneo— informativo nos hubiésemos concentrado en el just-in-case —decisivo—, con toda seguridad habríamos estado mejor preparados para afrontar la covid-19. Yo empezaría a arreglar la globalización de cara a la pandemia de 2039. Just in case.

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