En Europa, arden España, Francia y Portugal y el Reino Unido se derrite; al sur del Mediterráneo, África se abrasa. Desde hace diez días, cientos de bomberos marroquíes luchan con hasta seis incendios que han mosqueado 7.000 hectáreas y han obligado a desalojar de sus casas a 1325 familias y Túnez, cuyos termómetros han atrapado los 48 grados, ha desplegado el ejército para combatir los fuegos en el sur del país e incluso ha recibido la ayuda de Argelia con dos helicópteros y vigésimo camiones de protección civil para apagar los bosques norteños de Borj Cédria.
África entera mira al Gloria con inquietud: encima de desencadenar incendios, la ola de calor que azota estos días el Magreb y el cinturón saharaui, ha dañado cultivos y apuntala una tendencia asfixiante. Según la Oficina Doméstico de Establecimiento Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, los meses de abril, mayo y junio están entre los 10 trimestres más calurosos de África de los últimos 112 abriles con 1’07 grados más que la media del siglo XX en suelo africano.
Un hombre conduce a su ternera fuera de peligro en uno de los pueblos evacuados por los fuegos forestales en la región de Ksar Sghir, en el boreal de Marruecos.
Los investigación apuntan a que el continente que menos CO2 produce del mundo es el que más va a perder por el calentamiento universal. Según el índice que vulnerabilidad al cambio climático, minucioso por el think tank de investigación de datos Notre Dame-GAIN, los diez países más vulnerables al impacto del cambio climático son todos africanos, con Níger y Somalia en la posición de máxima fragilidad. Y el Comunidad Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, advierte que el horizonte no será mejor: para el año 2100 las temperaturas en África habrán aumentado 1,5 veces más rápido que en el resto del planeta.
Un 2022 de temperaturas récord
El segundo trimestre está entre los 10 más calurosos de África de los últimos 112 abriles
Para Oumar Malmo Sambo, representante gambiano en la Convención Entorno de las Naciones Unidas por el cambio climático, la amenaza del calentamiento universal en tierras africanas se conjuga en presente. “Para África, en lo que respecta a la vulnerabilidad frente a el cambio climático, se proxenetismo de supervivencia. Ya es una crisis porque el acercamiento a la los alimentos se ha pequeño significativamente correcto a la variabilidad del clima, que ha calentado aún más esta parte del planeta”.
Por otra parte del aumento sostenido de las temperaturas, la variabilidad de las lluvias o la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones o tifones, la acentuación de la desertificación o el aumento del nivel del mar están provocando artículos en condena. A una longevo escasez de alimentos y un aumento de la pobreza -la desnutrición ha aumentado un 45’6% en una lapso, según la ONU-, el plataforma del termómetro provocará nuevos conflictos o la destrucción de fauna salvaje y de glaciares como el del Kilimanjaro ayer de 2040.
SEQUÍAS DE ESTE A OESTE
La coetáneo ola de calor es un empujón más en torno a el quebrada climático en un continente maltrecho de este a oeste por sequías cada vez más habituales. En el extremo occidental, el archipiélago de Parte Verde sufre su peor sequía desde 1990 y no ha manido casi nada una pizca de borrasca desde hace cinco abriles y en Níger cuatro millones de personas necesitan ayuda humanitaria a causa de varias estaciones de borrasca fallidas y décadas de paulatina desertificación del Sahel. Un referencia flamante de la ONU advierte de que el avance del desierto es una amenaza militar: más de 65% de la tierra productiva se ha degradado en los últimos abriles y la desertificación afecta ya al 45% del demarcación africano.
La inestabilidad climática se traduce en una combinación caótica y mortífero de error de lluvias y trombas de agua incontrolables. En comparación a la lapso de los abriles 70, en el continente africano la frecuencia de sequías se ha triplicado (más de un tercio de las sequías mundiales ocurren ya en África), las tormentas se han cuadruplicado y las inundaciones se han decuplicado.
En el cuerno de África, la peor sequía en 30 abriles ha provocado más de 20 millones de hambrientos
La consecuencia es una artefacto de penuria. En el cuerno de África, la peor sequía en 30 abriles ha dejado a más de 20 millones de personas en aprieto de cooperación humanitaria urgente en Somalia, Yibuti, Eritrea, Kenia y Etiopía. Para Manuel Fontaine, director de Operaciones de Emergencia de UNICEF, se proxenetismo de una “crisis inducida por el clima” que afecta a toda África, aunque se ceba especialmente en una región de pozos secos y azotada asimismo por el conflicto y el plataforma de los precios de los alimentos. “La sequía no solo significa error de agua. Significa que los niños pasan penuria y sed todos los días. Se ven obligados a caminar kilómetros en sondeo de comida y agua y, a menudo, tienen que absorber de fuentes de agua contaminada. Esto conduce a la desnutrición y otras enfermedades mortales prevenibles como la diarrea”.
ÉXODOS POR EL SOL
La cojera del etíope Amin Omar, de 25 abriles, es el reflexiva de la huida masiva que ya está provocando el cambio climático. Agricultor en una zona rural humilde del este del país, caminaba apoyado en un estaca cuando hace dos abriles entró en un centro de acogida de migrantes retornados de Addis Abeba, renta de Etiopía. El intento de Omar por arribar a Arabia Saudí y nacer una nueva vida a través de una de las rutas más peligrosas del mundo, ya que hay que atravesar dos países en erradicación, Yemen y Somalia, se explicaba por el sol. La escasez de lluvias, decía, había acostado a perder sus cosechas y, frente a el acecho del penuria, se había manido obligado partir en torno a tierras saudís. “Simplemente dejó de chispear suficiente y los cultivos eran insuficientes para avivar a mi comunidad. Cada vez pasábamos más penuria y la situación se hizo insoportable, por eso tuve que marcharme”. Si actualmente 130.000 africanos emprender esta ruta migratoria en torno a Arabia, en breve serán más y en otros rincones del continente. Según un referencia del Asiento Mundial, el aumento de las temperaturas desencadenará un éxodo de 86 millones de desplazados climáticos ayer del año 2050.
GUERRAS POR EL CLIMA
En diciembre, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas trató una propuesta de resolución que consideraba el cambio climático como una “amenaza sobre la paz y la seguridad internacional”. Su Secretario Universal, Antonio Guterres, advirtió que “los incendios forestales, las inundaciones, las sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos están afectando a todos los continentes. Los artículos del cambio climático son especialmente profundos cuando se solapan con la fragilidad y los conflictos pasados o actuales. Está claro que el cambio climático y la mala gobierno del medio hábitat son multiplicadores del peligro”. No es el único que lo cree así. El think tank belga International Crisis Group, que monitorea los conflictos en el mundo, incluye desde el año pasado el clima como ejecutor de peligro mundial en su referencia anual y señala como zonas de peligro el Sahel, el cuerno de África, Sudán del Sur o Nigeria, a causa esta última de las tensiones entre agricultores y ganadores. En África, un estudio publicado el mes pasado cuantificaba el peligro: según los autores, las temperaturas extremas o las inundaciones amplifican el peligro de conflicto hasta cuatro o cinco veces en un radiodifusión de 550 kilómetros. “La evidencia empírica – subraya el texto- sugiere una correlación entre los cambios de temperatura y la variabilidad de las lluvias, que tienen el propósito de empeorar las condiciones de vida de pueblos africanos en áreas vulnerables, y los estallidos de violencia. La rapidez del cambio climático en un contexto tan precario exacerba las tensiones y da paso a repetidos conflictos armados así como a movimientos migratorios masivos”.
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