Túnez vota hoy en referéndum si entierra la revolución de los jazmines

“Facilidad, autonomía!”. “Debajo el topetazo de estado”. “Rechazamos la Constitución de un solo hombre”. El viernes pasado, la avenida Bourguiba, en el centro de la ciudad de Túnez, se llenó de furor y gritos salpicados de nostalgia: las proclamas de un millar de manifestantes sonaron en efectividad a los últimos latidos de la revolución. Hoy más de 9,2 millones de tunecinos están llamados a elegir, en el primer referendo de la historia de Túnez, una nueva constitución para soterrar la Carta Magna de 2014, surgida de la revolución de los jazmines iniciada tres abriles antaño.

Aquellas manifestaciones masivas, que derivaron en la primavera árabe, provocaron la caída del dictador tunecino Ben Ali tras 23 abriles en el poder y una comprensión social y política, con la celebración de las primeras elecciones libres. Todo indica que llega el fin de aquel espejismo de autonomía.

La desaparecido décimo y la crisis económica, agravada por la querella de Ucrania, apuntan al cambio

Con una examen dividida y una sociedad desencantada por una difícil crisis económica, agravada por la pandemia de la covid y el elevación de los precios por la querella de Ucrania, la aprobación de la nueva Constitución se da prácticamente por segura, a pesar de una previsible desaparecido décimo. Será el inicio de un nuevo futuro para Túnez: el sí adoptará un régimen “ultrapresidencialista” para Kais Said, al mando desde 2019, quien adquirirá casi plenos poderes, reducirá el rol del Parlamento y diezmará la independencia del sistema procesal, que quedará bajo su control.

El referéndum constitucional es el punto definitivo de una hoja de ruta veloz —los ciudadanos conocieron el dechado final a elegir hace escasamente 15 días— que sondeo, como el propio texto subraya, “corregir el rumbo de la revolución” de 2011, por otra parte de consagrar el islam como la religión del Estado. Si juristas tunecinos denunciaron que la nueva Carta Magna “codifica el autoritarismo”, grupos civiles y opositores denuncian la pérdida de libertades de Túnez desde que hace un año, Said declarara el estado de emergencia y disolviera el Parlamento para “guardar a la nación”.

Organizaciones como Human Rights Watch o Condonación Internacional han denunciado la deriva autoritaria en el país que en su momento fue considerado la mejor información de una primavera árabe que desembocó en desgobierno y caos en países como Libia o Yemen. Para Heba Morayef, directora regional de AI en la región, en Túnez, “se aprecia un creciente desmantelamiento de las protecciones de los derechos humanos. Gobernando por decreto y sin supervisión ni control alguno, el presidente ha socavado varios logros esencia en materia de derechos humanos que tuvieron zona en el país tras la revolución de 2011”.

Se retraso que se conozcan los resultados el jueves, tras lo que se abrirá un plazo de alegaciones hasta la publicación de los finales el 28 de agosto.

Pese a las críticas exteriores e internas contra el presidente tunecino, no todos ven con malos fanales la firmeza del jurista de 69 abriles. La inestabilidad política durante la última división, que se ha traducido en una decena de gobiernos, polémicas constantes en el parlamento y acusaciones de corrupción, han llevado al desencanto tolerante a miles de tunecinos que han trillado empeorar su calidad de vida. Al aumento de la inflación, el desempleo y la deuda externa se ha sumado el elevación de los precios de los alimentos o carburantes y la devaluación del dinar. La pandemia de la covid y la querella de Ucrania han sido los últimos clavos del caja de la debilitada democracia tunecina.

Para Zied Boussen, analista del think tank Iniciativa por la Reforma Árabe, este “drástico cambio de rumbo sume en la incertidumbre a todo el país y profundiza las divisiones en la sociedad entre los partidarios del presidente, que ven en el referéndum el manifestación de una nueva era, sus críticos, que anuncian el fin de la transición democrática iniciada en 2011, y el resto de la población, que se ha cansado de las tensiones políticas y se ha llevado la peor parte de la crisis económica”.

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