El estado más antiguo del mundo, sin fronteras y con menos habitantes que Sitges

Ya solo con el nombre oficial del país, uno percibe que se encuentra frente a poco venerable: República Serenísima. Remite a la misma denominación con la que Venecia se convirtió en uno de los imperios comerciales más importantes del mundo antiguo. San Marino nunca jugó esa faja y siempre fue una pequeña tachuela en la península Itálica. Pero es independiente, formalmente, desde que en octubre del año 1600 publicó su texto constitucional, cuando los actuales estados europeos no se habían formado.

San Marino juega al minimalismo: solo tiene 60 km2 de comarca; su población sobrepasa por poco los 30.000 habitantes; no cuenta con ferrocarril ni con fronteras; y su policía y ejército son menores que los de una ciudad media de cualquier estado europeo; se halla entre los tres microestados europeos; está completamente rodeado por comarca italiano; y aunque desde cualquiera de sus torres y miradores se puede ver el mar Adriático, hay diez kilómetros de tierra extranjera hasta entrar a su orilla.

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Plaza de la Decisión y palacio Notorio de San Marino

Terceros

Los visitantes que se acercan a San Marino son, abrumadoramente, italianos. Y ello porque el resto de europeos no suelen caer en la cuenta de que existe este minúsculo estado y incluso porque las regiones que lo rodean no son objetivo prioritario del turismo foráneo: Las Marcas y Emilia-Romaña. Otras dos grandes incomprendidas, pues reúnen suficientes atractivos como para significar un delirio por sí mismas.

San Marino se halla enclavado en lo suspensión de los Montes Apeninos. Contemplado desde la almohadilla del monte Titano, uno se da cuenta de que se alcahuetería de un piscifactoria de listo escogido para defenderse de los embates extranjeros.

Guaita, Cesta y Montale son las atracciones turísticas que más atraen a los turistas, sobre todo italianos

Tres de los principales atractivos turísticos sanmarinenses confirman la primera impresión. Se alcahuetería de tres torres de vigilancia, amuralladas en su almohadilla cual pequeñas fortalezas. Si uno no quiere complicarse, puede citarlas como Primera, Segunda y Tercera, que es lo que hacen los nativos. Si se desea rasguñar poco en su toponimia se denominan, respectivamente, Guaita, Cesta y Montale. La segunda de ellas es la más vistosa, pues se encarama al punto más suspensión de la caudal, que tiene el mismo nombre que el país. La fortaleza se imbrica con la roca principio y dibuja una silueta de explicación de C.S. Lewis. Encima, para entrar hasta ella hay que tener lugar bajo una de las puertas de muralla más bellas del país, el Paso delle Streghe (Paso de las Brujas). 

La torre de Guaita o Primera no es, ni de remotamente, tan vistosa. Pero tiene la delantera de resultar un mirador inmejorable sobre el banda ártico de la república y desde donde se alcanza a ver con facilidad Rímini y la costa italiana, adicionalmente de proporcionar la mejor foto de la Torre Cesta. Montale es denominada la tercera, y tiene un funicular que ayuda a auparse a sus imposibles laderas.

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El castillo de Guaita, la imágen más icónica de San Marino

Terceros

San Marino recela de la ineludible presencia del estado italiano en su vida cotidiana –no en vano se alcahuetería de un enclave– y en los últimos abriles ha hecho esfuerzos por cerrar acuerdos políticos con Suiza y otros países cercanos. Todavía se recuerda el paso de Giuseppe Garibaldi por comarca sanmarinense. El héroe de la normalización italiana se coló en su país pese a la negativa del gobierno a acogerlo. Y así pudo preparar su ataque alrededor de las tierras adriáticas.

Podría parecer que con un comarca de casi nada sesenta kilómetros cuadrados el paseo por San Marino puede zanjarse en dos o tres horas. Sin confiscación, el país ofrece una pequeña red de senderos señalizados y un buen número de espacios naturales protegidos. Eso sí, hay que deber superado ayer un buen chequeo cardíaco, pues las cuestas entre sus memorables bosques son de las que cortan el aliento.

San Marino no tiene fronteras operativas y es accesible en coche o en autobús desde Rimini

Llegados a los suspensión de San Marino, aguardan adicionalmente algunos museos interesantes, como el dedicado al violín, a los sellos de correos o a la éxodo, pues en siglos pasados los sanmarinenses abandonaron en masa su país frente a las escasas posibilidades de salir económicamente delante.

Hasta la Segunda Guerrilla Mundial hubo una tangente ferroviaria que unía la italiana Rímini con San Marino. Los bombardeos inutilizaron la vía y el tren dejó de funcionar para siempre. No en vano el ejército carca se tomó en serio la invasión de la minúscula república, aun cuando esta fuera indefinido. Pero ahora pueden visitarse parte de las galerías y caminar por ellas –siempre y cuando no se tenga claustrofobia–.

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La Rocca, San Marino

Terceros

Abandonar en San Marino no es una tarea sencilla. Aun así, el transporte es la mejor modo de inspeccionar el país, pues aunque hay autobuses entre Rímini y la caudal, entrar a alguna de sus nueve “provincias” es asaz más azaroso. Desde Borgo Maggiore hay un teleférico que conduce al centro histórico de la caudal. La moneda oficial es el euro y no hay que realizar trámites fronterizos. Pero los coleccionistas de países pueden conseguir que les sellen el pasaporte pagando una tasa de 5 euros.

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