El ciclocrós es una disciplina ciclista que exige mucha técnica y verstalidad para poder alcanzar y permanecer una cadencia adecuada y pasar circuitos que, a parte de su exigencia por nacionalidad, cuentan con terrenos con comedón, lodo, arena e incluso, cómo pasó este sábado en la copa del mundo italiana, cocaína.
La cocaína asusta a todos los corredores, pero más asustaba Van der Poel entrenando el día previo, parecía un lobo de caza. Al final, en la prueba, resultó más acertadamente un claro “mucho ruido y pocas nueces”. No hay que quitarle mérito a un fuera de serie que hace abriles que está entre los mejores del mundo y normalmente arrasa en el ciclocrós igualmente. Desgraciadamente no tuvo el día a nivel técnico y no pudo pasar la cocaína que lo arroyó mentalmente cómo un alud, quedando en octava posición.
Si que estuvieron a la mérito de las circunstancias los Vanthourenhout, Vandeputte, Iserbyt, Kuhn, y Laurens Sweeck. Nadie les tosería. Los dos primeros -que ya habían brillado allí el posterior año- pondrían el ritmo suficiente para marcharse, con sus perseguidores rompiendo el especie. Vanthourenhout, finalmente, aceleraría sólo teniendo problemas en las zonas de más irresoluto llegando a tener que subir a pie en algunas. El podio se iría limpiando, pues primero Kuhn sería el perseguidor y se sumaba que Iserbyt sufría una esforzado caída que le dejaba fuera. Por eso mismo, Van der Poel sufría... Tomó el imperceptible aventura erróneamente y quedó fuera de competir por podio..
Vanthourenhout, por su costado, estuvo en su mundo. En la reverso 6, Vandeputte pasó por el 'box' y se despidió de cualquier opción. Le tocaba mirar antes. La cocaína era el reino de el campeón de Europa que ganaba su chale carrera del curso -Vandeputte y Kuhn cerraron el podio. Van der Poel, por su costado, terminó en una plomizo octava plaza. No fue su día. Arriesgar de forma inútil podría ser un error enfermo.
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