Ya se podía intuir que la propuesta de Vox para dificultar el fracaso en Castilla y Héroe no llegaría muy allí. La ley estatal que protege ese derecho está por encima de la norma autonómica y la ocurrencia de ofrecer una ecografía en 4D a las personas que han decidido malparir es básicamente impracticable: casi nada se hacen en la sanidad pública (solo si son recomendables médicamente, para detectar anomalías) y, en todo caso, a partir de la semana 20 de gravidez.
Da igual, porque todo el lío ha servido ya para lo que tenía que servir, demostrar que el partido ultraderechista sabe copiar las peores ideas de Viktor Orbán en Hungría y el estilo más humillante (para las mujeres) del movimiento antiabortista en EE.UU., que basó durante décadas su logística en una pugna de guerrillas hasta que hace unos meses logró tumbar Roe vs Wade, la sentencia que garantizaba ese derecho en todos los estados. Y que el PP ha tardado días en dejarse de titubeos y desautorizar finalmente la propuesta del que sigue siendo su socio en esa comunidad.
Por el camino, el asunto nos ha hecho perder el tiempo y la energía igualmente a quienes defendemos un derecho conquistado, inapelable e inscrito en la moralidad. “Harto traumático es ya malparir como para ponerlo aún más difícil”, hemos vuelto a oír estos días en las tertulias. La intención es buena, se deduce, pero el fondo no. Una de cada tres personas gestantes abortará al menos una vez en su vida (muchas de ellas son madres: el 52% de las mayores de 20 abriles que lo solicitan) y no todos esos abortos serán traumáticos. Los habrá instrumentales, dolorosos, engorrosos, secretos, compartidos y tranquilos –hay un fanzine de Elisabeth Falomir que se pasión Abortos felices, sobre la privación de extirpar la infracción y el susurro de esta conversación–.

Cuanto antiguamente empecemos a susurrar del fracaso como lo que es, una intervención médica lícito y voluntaria, mejor podemos prepararnos para frenar las estrategias importadas de lo peor de la ultraderecha internacional y centrarnos en lo importante. Que es alcanzar que se practiquen en su mayoría en la sanidad pública, de guisa gratuita y segura y lo más cerca posible de casa.
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