Son muchos –en ciertos puntos y momentos, mayoritarios– los vehículos cazados por los nuevos radares instalados en el interior de Barcelona circulando a más velocidad de la permitida, que es de 30 km/h en doce de las diecisiete ubicaciones. Ser pillado por estos dispositivos superando el divisoria es motivo de denuncia desde el lunes, luego de un periodo de cuatro meses “pedagógico” al principio e “informativo” luego –así los fogata el Comunidad– en los que los aparatos funcionaban pero no multaban. Aún no hay cifras de expedientes –su tramitación requiere de un cierto tiempo–, pero con toda seguridad serán elevadas, al menos en estos primeros días de estreno de la escalón sancionadora.
Doce cinemómetros se han puesto en los entornos de centros escolares que el gobierno municipal se ha propuesto pacificar. En estas zonas el divisoria es de 30 km/h. Los otros cinco radares saltan cuando se supera la velocidad de 50 km/h en ciertos tramos de vías importantes, como Aragó, la Gran Via o la Diagonal, en los que se acostumbra a valer mucho, razón por la cual se consideran de elevado aventura de percance. Debe tenerse en descripción que ir más rápido de lo conveniente es un negociador determinante para que se produzcan siniestros de tráfico, en genérico, y más aún en las ciudades.
La novedad de estos radares es que cuentan con una pantalla que indica a qué velocidad pasan los vehículos por ese punto controlado. Este avisador está luego de la cámara y muestra el valía captado por esta. Luego, si aparece que se va más de 30 km/h o 50 km/h, según los casos, quiere sostener que el coche, la moto, la furgoneta, el autobús... ya ha sido cazado. El valía registrado aparece en rojo si se ha rebasado el divisoria permitido y acto seguido se recuerda cuál es ese mayor. En cambio, si se circula correctamente, la guarismo luce en verde y luego sale la palabra “gracias”, en el mismo color.
Cámara colocada en Aragó a la cúspide de Pau Claris 
Pantalla que indica la velocidad en Indústria con Sant Quintí 
Muchos frenan bruscamente al ver en las pantallas que hay luego de las cámaras que exceden el divisoria
En uno de los lugares controlados por los nuevos radares –la confluencia de Indústria con Sant Quintí, pegado a la escuela Miralletes y a pocos metros del instituto Moisès Broggi–, este martes, durante el tiempo que este periodista estuvo observando lo que pasaba, una gran cantidad de vehículos iba a más de 30 km/h, sobre todo los que pasaban por el semáforo previo a la intersección en verde. Los que arrancaban en ese punto o se disponían a doblar, lo tenían más liviana para no acelerar más de lo conveniente. Pero a los demás les costó más. En el precedente cruce se avisa de la presencia de un radar y del divisoria de velocidad y poco antaño del punto en el que está el cinemómetro otra señal indica que se negociación de un entorno escolar y que no se puede rebasar ese mayor. Pero muchos hicieron caso omiso. Quizás no sabían que ya se multa...
La pantalla que muestra la velocidad a la que se va no pasa desapercibida. Fuego la atención desde acullá. Muchos vehículos, al ver que van a más de 30 km/h, frenan y en ocasiones lo hacen con brusquedad, lo que genera situaciones peligrosas, con aventura de que los que van detrás los alcancen y choquen con ellos. Es una maniobra es inservible para evitar la multa puesto que la foto de la infracción ya está hecha.
Las opiniones sobre la medida son de todo tipo. Desde quienes piensan que es meramente recaudatoria –“es un sacacuartos”, denunció un vecino– hasta quienes creen que se queda corta y defienden que se debería restringir el tráfico o poner instrumentos en el asfalto para frenarlo, porque allí hay un colegio y no sólo hay peligro de percance, incluso mucho ruido. Así se manifestó la superiora de una alumna de la escuela Miralletes.
Las multas por rebasar los límites de velocidad oscila entre los 100 euros –si no se superan en más de 20 km/h– y los 600 euros, según el nivel del exceso, y pueden suponer encima la retirada de hasta seis puntos del permiso de conducir.
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