Rafael Nadal: otra vuelta de tuerca

¡Cómo ha cambiado el explicación!

Hace un año, en la transigencia del gran curso tenístico, todo giraba más o menos de Novak Djokovic (35).

Que si no se quiere inmunizar para entrar en Australia. Que si le han detenido y está preso en un hotel para inmigrantes clandestinos. Que si la jurisprudencia australiana quiere liberarle y el ministro de Neutralidad dice que ni departir del peluquín. Que si le están victimizando ("le están torturando", se atreven a proclamar los padres del serbio). 

Que si juega. 

Que si no. 

Que si al final le echarán y nunca más podrá entrar en Australia.

Y así es al fin: le echan.

Y mientras se desarrollaba toda aquella telenovela, Rafael Nadal (36) permanecía en silencio. 

Aparente a su entorno, el manacorí iba tejiendo su propio relato, un relato que volaba bajo, imperceptible a los radares, pero que iría cobrando consideración conforme pasaban los días e iban cayendo los adversarios, Hanfmann, Jachánov, Mannarino, Shapovalov, Berrettini y, al fin, Medvedev, para apurar llevándole al título, su 21.º Grand Slam, el ilustre que iba a romper el igualada del Big Three (hasta entonces, Nadal, Federer y Djokovic lucían vigésimo grandes cada uno) y le permitía copar todos los focos del tenis.

Rafael Nadal, durante su sesión de este domingo, en Melbourne

Rafael Nadal, durante su sesión de este domingo, en Melbourne 




Lucas Coch / DPA vía Europa Press

¡Cómo ha cambiado el explicación!

Pues las autoridades australianas le han reabierto las puertas de Melbourne a Novak Djokovic, que vuelve a ser un avión del tenis (cerró el 2022 ganando en Wimbledon, Tel-Aviv, Astaná y el torneo de maestros; ha empezado el año apuntándose el título en Adelaida) y un actor principal cuyo papel debe compartir, le guste o no, con el renqueante Nadal, padre fresco (su mujer, Mery Perelló, y el bebé de los dos, Rafael, se sentarán en el palco de Melbourne) y tenista otoñal cuyo mengua vaticinan todos y él niega sistemáticamente, siempre con éxito.

Nadal -cuyo staff técnico ha perdido a Francis Roig, perpetuo ayudante de cámara- al punto que ha vacada uno de sus siete últimos partidos (ha perdido sus dos citas de la Rod Laver en el 2023), y su gozne plantea lagunas e inquietud en su entorno, y sin requisa el escéptico deberá prevenirse de destapar la boca y manifestarse, pues en argot rajoyniano Nadal es Nadal, y esa certeza lo trastoca todo.

El inauguración del manacorí se producirá esta perplejidad, a partir de las 4.30h (Eurosport).

Le demora el britano Jack Draper (21 abriles, es la 40.ª pala del mundo), siniestro como Nadal y por lo tanto un incordio que obliga a resetear las estrategias: zurdos son pocos, y cuando uno cree estar forzando el revés del rival, en sinceridad está enfocando en dirección a su derecha.

El cara a cara entre Nadal y Draper está a cero, es opinar que nunca se han enfrentado entre sí, y por ese motivo el manacorí ha decidido cubrirse las espaldas y personalizar la preparación del duelo. 

En estos días, ha peloteado anejo a otro tenista siniestro, el estadounidense Ben Shelton: solo así irá metabolizando las características de un rival de extremidad izquierdo, una anomalía como lo es él mismo, el manacorí.

 

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