No es la primera, ni la segunda ni la tercera vez que pasa y, con toda seguridad, a la de ayer, desgraciadamente, le seguirán muchas más. Los accesos a Barcelona volvieron a morar ayer por la mañana, en hora punta, auténticos colapsos, una circunstancia que se repite con gran frecuencia en días de tormenta. Una avería en la circulación de trenes de Rodalies entre Mataró y Barcelona puso en amenaza no ya solo el sistema ferroviario, afectando a miles de pasajeros, sino que asimismo, de rechazo, provocó situaciones indeseadas en las carreteras y autopistas de la zona de influencia directa de la hacienda catalana. Una vez más se puso de manifiesto la privación de disponer de un transporte notorio, en ferrocarril pero asimismo en carretera, ágil y capaz que invite a miles de automovilistas que utilizan el coche no por capricho sino por absoluta privación a cambiar sus hábitos diarios de desplazamiento. Para ello, es imprescindible contar con las garantías de un servicio fiable que, hoy por hoy, no existe.
Publicar un comentario