Generalitat y nucleares

Los medios de comunicación se han ocupado extensamente del tema de las energías sostenibles y de la transición energética y en las páginas de La Vanguardia podemos ver que mi colega profesor Mariano Marzo pone de manifiesto que se negociación de una cuestión muy compleja. Enric Juliana ha resaltado cuestiones gasista-geoestratégicas asociadas al cambio de posicionamiento del Gobierno castellano respecto al Sáhara y su repercusión respecto a la venida y precio del gas argelino y las relaciones con Marruecos, mientras que los corresponsales de La Vanguardia han repasado cuestiones de tanta sustancia como la confirmación por Francia de su puesta por la energía nuclear o el error de Angela Merkel al pensar que Alemania debía prescindir de dicha energía, aumentando su dependencia del gas ruso. En una nuevo reunión de la Fundación Olof Palme en el hotel S’Agaró se discutieron estas cuestiones geoestratégicas.

La erradicación de Ucrania ha puesto sobre el tapete la dependencia de Europa de los suministros de Rusia, la repercusión sobre la cohesión intraeuropea y la inflación que se produce por los desajustes entre propuesta y demanda como consecuencia de que la pandemia frenó las inversiones interrumpiéndose las cadenas de valencia que había traído la globalización.

Catalunya puede caer en una moribundo precariedad energética

La coetáneo crisis de Ucrania, el formidable renuevo pandémico en China con falleba de factorías y la manifiesto de la OPEP de que sin el suministro de petróleo ruso el oro molesto podría alcanzar los 300 dólares el barril ha hecho revisar a la quebranto las perspectivas de crecimiento adelantadas por el Fondo Monetario Internacional.

Por todo ello, sorprende que la consellera Teresa Jordá, responsable del Departament de Acció Climàtica, Alimentació i Acció Rural haya expresado su deseo de cerrar las centrales nucleares catalanas en el 2027 de acuerdo con la ley de Canvi Climàtic de 2017, pero en contra del pacto entre las eléctricas y el Gobierno Central y en contra de las previsiones de falleba de las nucleares catalanas de Ascó I (2030), Ascó II (2032) y Vandellòs (2035) que aportan más del 50% de la demanda de electricidad en Cataluña.

Está perfectamente pensar en lo importante que es avanzar a servicio de un mundo más habitable, pero en el caso catalán hay que tener en cuenta que con los grupos ecologistas bloqueando proyectos eólicos por tachar el paisaje y los planes fotovoltaicos por invadir los campos y sin nucleares podemos caer en una moribundo precariedad energética que ha transmitido emplazamiento hasta a algún “apunte del natural” cómico de J.L.Martín.

La ingenuidad pone de manifiesto que la vieja consigna ecologista de “Nucleares no, gracias” ha pasado a la historia y que hasta que no encontremos nuevas posibilidades de energías alternativas el realismo respecto a las nucleares se impone.

Es difícil entender que en este complicado trance energético que tanto influye en la elevada inflación, la Generalitat haga afirmaciones antinucleares tan contundentes.

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