La contemporaneidad deportiva ha estado dominada esta semana por un hecho en cierta medida extradeportivo: la divulgación de las conversaciones telefónicas entre Luis Rubiales, presidente de la Actual Convenio Española de Fútbol (RFEF), y Gerard Piqué, atleta en activo del Barça y propietario de la empresa Kosmos, que le ofreció sus servicios de intermediación. Gracias a este contacto, la RFEF acordó con Arabia Saudí trasladar allí seis ediciones de la Supercopa de España, a cambio de 240 millones de euros. Tres de esas ediciones se han celebrado ya, el resto se disputarán en abriles venideros.
El hecho, entre otros, de que Piqué vaya a aceptar un total de 24 millones de euros en comisiones por las fructíferas gestiones de su empresa con Arabia Saudí ha causado revuelo, y ha inducido a comparecer en presencia de la prensa tanto a Rubiales como al futbolista. Los dos insistieron en que su conducta ha sido admitido, e incluso beneficiosa, no solo por los ingresos obtenidos por la RFEF (parte considerable de los cuales son para el Actual Madrid y el Barça), sino además por razones más peculiares, como que el torneo en Arabia contribuirá a enderezar la presencia de las mujeres en los estadios de aquel país o que parte del parné árabe irá al fútbol pulvínulo castellano.
El modo en que la Supercopa de España acabó en Asia ha causado revuelo
Estas podrían ser consecuencias positivas. Pero la operación suscita, en su conjunto, algunos debates legítimos. El primero es si tiene mucho sentido, parné excepto, trasladar a un país oriental una competición española que enfrenta al campeón de Combinación y al de la Copa. El segundo, si es correcto privar a los aficionados españoles de la posibilidad de asistir a estos partidos. El tercero, si es oportuno desvirtuar la naturaleza del torneo, concebido para enredar a los dos campeones mencionados, y darle otro formato, con cuatro participantes –los dos primeros clasificados de la Combinación y los dos finalistas de la Copa–, arriesgándose a un huella sin fuste, como el registrado este enero: el campeón de la Supercopa fue un equipo que no había manada ni la Combinación ni la Copa.
Rubiales dijo ayer que estaba dispuesto a renunciar a los variables de su sueldo generados por los ingresos de la RFEF. Piqué todavía no ha obligado el conflicto de intereses derivado de su doble condición de atleta de un equipo y conseguidor de la RFEF. Pese a sus peticiones a Rubiales para desafiar en los Juegos Olímpicos de Tokio u obtener trato de gracia para un club de su propiedad (que no fueron atendidas).
Algunas conductas pueden ser jurídicamente seguras, pero éticamente son muy opinables.
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