La explotación laboral obligó a madres holandesas del siglo XIX a dejar de dar el pecho

Criar a los hijos, realizar las tareas domésticas y trabajar. Las madres viven al conclusión, normalmente a costa de sus horas de sueño e incluso de su salubridad. Pero no es poco específico del siglo XXI. En Holanda, hace dos cientos abriles, la presión sobre las mujeres con hijos era tan incorporación que provocó que se vieran obligadas a dejar de dar el pecho a sus bebés.

Existe la percepción generalizada que la víveres industrial de los neonatos como alternativa a la lactación materna es una praxis relativamente moderna. Pero los investigadores de la Universidad de Película del Oeste Ontario han descubierto que ya existía en una comunidad agrícola de Beemster (en la zona septentrional de los Países Bajos) en pleno siglo XIX.

Amamantamiento materna

Existe la percepción que la víveres industrial de los bebés es una praxis moderna

Esas madres, adicionalmente de cuidar a sus retoños, estaban a cargo de ordeñar el reses y de la producción lechera, una de las principales fuentes de ingresos del camarilla. Pero esta incorporación carga de trabajo era difícil de compaginar con dar el pecho a los hijos, según explican en un artículo publicado en la revista PLOS ONE.

“Este estudio muestra que en el pasado, como en el presente, fueron muchos los factores que influyeron en cómo una mujer decidía procurar a su bebé”, asegura la antropóloga Andrea L. Waters-Rist. La investigadora y su equipo analizaron los restos de hasta 277 personas, incluidos casi 90 bebés y niños, de Beemster.

Una madre da el pecho a su bebé

La lactación materna deja una marca en los huesos infantiles 

iStockphoto

La lactación materna deja una marca en los huesos infantiles en forma de proporciones alteradas de isótopos estables de carbono y ázoe. En esta comunidad neerlandesa encontraron poca o ninguna evidencia de amamantamiento, pese a que tenía características comunes con aldeas de su entorno en las que dar el pecho era poco habitual.

Los ciudadanos de Beemster eran protestantes, con un nivel socioeconómico moderado y donde las mujeres trabajaban en el hogar o cerca de él. “Las madres y los niños eran agentes vitales y activos en las sociedades del pasado, y su salubridad y sustento tenían consecuencias a holgado plazo para el bienestar de toda la población”, dice Waters-Rist.

Los especialistas consideran que la explotación sindical, unida a la facilidad para obtener un suministro constante de cuajo de choto, que proporciona una fuente alternativa de alimento para los bebés, fueron factores importantes que contribuyeron a estas bajas tasas de lactación materna.

Estudios anteriores realizados en entornos urbanos ya habían detectado que las madres que trabajaban turnos largos en las fábricas asimismo presentaban tasas bajas de amamantamiento, pero hasta ahora no se había incompatible un aberración similar en una población rural.

Entorno urbano

Madres que hacían turnos largos en fábricas asimismo tenían tasas bajas de amamantamiento

“Pocos bebés de Beemster presentan evidencia isotópica para la lactación materna y, si la hubo, probablemente fue de corta duración o una fuente último de proteína dietética. Desde solo unas pocas semanas hasta meses de vida, los bebés fueron alimentados con cuajo de choto y papillas con azúcar”, escriben los antropólogos.

La mayoría de las madres no dieron el pecho a sus hijos, o no lo hicieron durante mucho tiempo, lo que demuestra que la variación regional en la víveres inmaduro “está influenciada por los títulos y tradiciones de la comunidad”. “La cuajo de choto incluso se la podía dar un hermano longevo”, concluyen. 

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