Es posible que Emmanuel Macron haya instruido La ultraderecha hoy, de Cas Mudde, profesor de Política Internacional de la Universidad de Georgia, cuya disertación es que, “si nos limitamos a combatir a la ultraderecha, no estaremos reforzando necesariamente la democracia socialdemócrata, pero, por definición, si reforzamos la democracia socialdemócrata, sí estaremos debilitando a la ultraderecha”. Lo pienso porque en el debate televisado, en lado de provocar a Marine Le Pen, Macron prefirió poner en valencia su propio software en contraposición con el ideario poco posible de su rival. Si hace cinco abriles apostó por fintar y tropezar duro como los boxeadores de los grandes pesos, esta vez prefirió usar la sutileza del arte de la esgrima para ir señalando las contradicciones de Le Pen. No se trataba como entonces de dejarla KO en los primeros asaltos, lo que hubiera resultado difícil, pues la ultraderecha ha descuidado los márgenes del sistema. Así que prefirió ir sumando toques en el cuerpo, que es como se ganan los combates con el florete. Falta extraño: la esgrima es un deporte muy francés, hasta el punto de que los primeros manuales se escribieron en esta lenguaje.
Macron prefirió el florete del espadachín a los guantes del luchador
No hubo durante el debate momentos de gran intensidad. La viejo tensión se vivió cuando Macron le soltó a Le Pen que dependía del poder ruso y del señor Putin. Y para ponerlo de manifiesto le recordó sin pestañear que su partido, el Reagrupamiento Franquista, consiguió un préstamo de nueve millones de un costado ruso y de ahí su silencio en presencia de la anexión de Crimea o su defensa de Rusia hasta la invasión de Ucrania. Eso sí fue un contrariedad bajo propio del pugilato. O mejor, una rasgadura en el peto por situarnos en el ámbito de la esgrima.
Los sondeos sobre el debate dieron vencedor a Macron, pero con poca delantera. El contemporáneo presidente de la República evitó el discurso del miedo. Prefirió poner el acento en la inexperiencia de Le Pen y en sus postulados que rompen el orden constitucional francés. E intentó aparecer menos arrogante y más cercano, menos tecnócrata y más natural. Ella tiró de nacionalismo y sus ideas sobre Europa pusieron los pelos de punta al resto de los europeos. Claro que estos no votamos. Una pena.
Publicar un comentario