Los restaurantes se quitan la mascarilla en la cocina y la mantienen en el comedor

Sin mascarilla en la cocina, pero con ella en el comedor. Este es el sinopsis de lo que sucedió ayer entre los cocineros y los camareros de los restaurantes, tras el sublevación de la incumbencia de soportar mascarilla en los interiores que ha estado válido en España durante los últimos 700 días.

Los motivos parecen fáciles de entender. Las cocinas profesionales son lugares en los que suelen trabajar equipos estables, hace mucho calor, sobre todo cuando llega el buen tiempo y suben las temperaturas y las mascarillas –que durante todo este tiempo los cocineros no han tenido más remedio que soportar– han sido una molestia, necesaria e inexcusable, pero una molestia. Por contra, en los comedores, por un costado los camareros están más expuestos a causa de la interacción con los clientes, y por el otro en algunos locales existe temor al rechazo que puedan percatar algunos comensales a inspeccionar un restaurante en el que su personal de sala no lleve cubrebocas.

Miedo

La incomodidad que puedan percatar algunos comensales si los camareros no la llevan igualmente influye en la audacia

En el caso de Oriol Ivern, cocinero y propietario del restaurante Hisop de Barcelona, él y su equipo de cocina trabajan desde ayer sin mascarilla, pero ha transmitido sinceridad a su servicio de sala para que decida si quiere seguir atendiendo a los clientes con o sin. “Al final han decido que, por su propia seguridad y la los clientes van a seguir con la mascarilla puesta”, explica Ivern.

Lo mismo sucede en el restaurante Bardeni, regentado por el cocinero Dani Lechuga. “En la cocina siempre somos los mismos y vamos a trabajar sin mascarilla, pero en la sala mi mujer y la camarera han decidido seguir usándola por su propia seguridad”, dice Lechuga. De hecho, “si yo tengo que salir en algún momento al comedor, igualmente me la pondré”, concluye Lechuga.

uso de la mascarilla en comercios

Desde ayer ya no es obligatorio soportar mascarilla en los interiores 

Roberto Lomba / LV

Ángela, camarera en la taberna Piper’s de Barcelona, y su compañero atendían ayer a los clientes aún con la mascarilla puesta. “Mientras haya mucha multitud me la pondré”, asegura Ángela, mientras en la cocina de los dos cocineros uno marcha los platos con cubrebocas y el otro sin.

El miedo o la incomodidad que puedan percatar algunos clientes de sentarse en las mesas de un específico en el que los camareros no lleven mascarilla igualmente pesa a la hora de tomar la audacia de convertirla en una prenda del pasado o no.

Lluis BernilsPropietario de El Celler de Matadepera

El Ferrer de Tall es un restaurante de Vilanova de Sau en el que cocina Maria Nicolau y que los fines de semana llena su ejemplar de reservas. “Nuri, mi compañera en la cocina, y yo nos la sacaremos”. Pero los propietarios del específico –Corrida Mongay y Joan Riera– que atienden el comedor “tienen muchas ganas de quitársela y en principio lo harán, pero van estar muy atentos a cómo se sientan los clientes y si ven que les produce incomodidad se la volverán a poner inmediatamente”, dice Nicolau.

Pero igualmente hay restaurantes que han decidido cortar por lo sano. “Hoy [por ayer] haremos una hoguera en el patio y las quemaremos todas”, bromea Lluis Bernils que regenta yuxtapuesto a sus hijos –Riki y Pau– El Celler de Matadepera, de esta población del Vallés Occidental. Aquí nadie, ni en la cocina ni en la sala, va a soportar mascarilla. “Siempre va a acaecer multitud que tenga miedo, pero nosotros todos vamos a dejar de usarla”, asegura Bernils

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