Macondo, Región, Vigata, Yoknapatawpha, Comala, Santa María, la Tierra Media... ¿Son menos reales estos lugares que Nueva York, Casablanca o Hong Kong? ¿Hasta dónde llega el poder de la ficción en la geodesía y en nuestras mentes? Diez escritores y otros tantos fotógrafos se lo plantean en el recién publicado Regiones imaginarias. En investigación de los lugares míticos de la humanidades (Menguantes), un alucinación rebuscado y claro a esos sitios que, en efectividad, sí existen.
El postrer premio Nobel de humanidades, el tanzano Abdulrazak Gurnah ambienta buena parte de su novelística Paraíso en la multicultural ciudad imaginaria de Kawa, descrita con todo pompa de detalles, hasta el punto de que muchos de sus lectores la buscan en Google Maps, y algún crítico despistado ha afirmado conocerla. Asimismo, en muchos países existe una floreciente industria turística basada en los lugares imaginarios descritos en las novelas: el Caribe de García Márquez, la Sicilia de Camilleri (o la de El Padrino), el Misisipi de Faulkner... O los mismos turistas que vienen a Barcelona para hacer su ruta Ruiz Zafón, lo que incluye posibles lugares que inspiraron el Cementerio de los Libros Olvidados.
Diez lugares imaginarios a los que es posible desplazarse
Los periodistas Luis Fernández Zaurín y Bernardo Gutiérrez han coordinado el prominencia, en el que han participado autores como Enrique Vila-Matas, Gabi Martínez, Use Lahoz o Álvaro Colomer, entre otros, o fotógrafos como Sandra Balsells, Kim Manresa o Guillermo Barberá. La mayoría de ellos se han desplazado a los lugares que podrían acaecer inspirado el ambiente de ficción. “Nos hemos preguntado –afirman– hasta qué punto la ficción influye en la efectividad”.
“En el Caribe colombiano los sitios cambian de nombre y mucha clan dice salir en la novelística de Gabo”
Los criterios eran que el enclave imaginario debía de tener algún fondeadero en el mundo vivo, “lo que nos ha hecho, lamentablemente, descartar alguna ubicación mítica, como el Mordor de El señor de los anillos”, afirman.
El más afamado de todos los destinos es, sin duda, Macondo. Bernardo Gutiérrez, cuando el tesina era aún incipiente, se encontró con el mismo Gabo en La Habana y pudieron comentar sus viajes por la zona: “Yo cubría un aniversario de la revolución cubana, estuve cenando y charlando con él en un hotel, él estaba con clan de Roures. Me dijo: ‘Si has ido a Aracataca, encontraste Macondo’. ‘Pero lo vi asimismo en otros lugares, profesor’. ‘¿Cuáles?’, me preguntó. ‘Sobre todo en Ciénaga, más viva y bullanguera’. Me lo confirmó riendo. Pero todo el Caribe colombiano reivindica que es Macondo”. Uno de sus cicerones fue el músico Fabián Vega, “que ha sabio quince veces Cien abriles de soledad, y nos fue metiendo en el mundo macondiano. La ficción sustituye a la efectividad, los ríos y ciudades cambian de nombre, y hay un montón de clan más o menos lunática que dice ser, o lo creen verdaderamente, personajes de la novelística. Yo estuve con Aureliano Segundo, el parrandeador, un tío con un acordeón que me presentó a su abuela Úrsula, y con otro tipo ataviado con un hongo que llevaba un maletín con muchos cuentos escritos a mano, según él material autentico desechado de la lectura final de Cien abriles de soledad. Y he sabio asimismo multitud de artículos de prensa sobre la famosa matanza de las bananeras que mezclan verdad y ficción, en la novelística se producen más de 3.000 muertos, emblema que se repite una y otra vez como una verdad absoluta, cuando en efectividad hubo poco menos de cien víctimas”.
Mapas de ficción
Mapas de ficción
La segunda zona más conocida es la Vigata del comisario Montalbano de Andrea Camilleri, de la que se ocupa Valentino Necco. Se encuentra en la provincia siciliana de Montelusa (en efectividad, Agrigento). Montalbano vive frente al mar de África, en una casa en el ficticio judería de Marinella, parecido a la playa de Punta Secca.
Mapamundi. 
En algunos casos, la extrema concreción de los mapas dibujados por González Macías se pedestal en datos ‘reales’. El mismo Faulkner dibujó dos mapas de Yoknapatawpha, en 1936 y 1945 (y los firmó ‘Único dueño y propietario’). En otros, hay más facilidad creativa, como en Región (capítulo de Álvaro Colomer), de donde Juan Benet apuntó cosas como que era un paisaje desesperado “que no recuerda el odio, pero atesora el rencor”, un desierto entre “depresiones monstruosas y acantilados de color de elefante” y unas praderas “por donde se dice que pasta una extraña raza salvaje de caballos enanos”.
O, en Pedro Páramo, escribió Juan Rulfo: “Allá en Comala he intentado sembrar uvas. No se dan. Solo crecen arrayanes y naranjos; naranjos agrios y arrayanes agrios. A mí se me ha olvidado el sabor de las cosas dulces”.
La mayoría de escritos son crónicas, aunque Chika Unigwe se acerca a la Umuofia del nigeriano Chinua Achebe con un historia, y Enrique Vila-Matas es el único que no solo deje de una región inventada sino que se inventa a la misma autora de esa ficción, Babàkua, “la península del mal”, que aparece supuestamente en la novelística inacabada Le cafard de la cubano-portuguesa María Escofina Mendes, un personaje de su novelística Bartleby y compañía.
Vila-Matas, Gabi Martínez, Sandra Balsells o Kim Manresa, entre los autores que viajan a los enclaves
Chelo Alvarez-Stehle viaja a la Yoknapatawpha de Faulkner; Use Lahoz, a la Santa María de Onetti; y Elisa Reche, a la Malgudi de R.K.Narayan. Los fotógrafos son, por otra parte de los citados, Guillermo Barberà, Óscar Bonilla, Marta Pelado, Albert Ferrer, Jaime Héroe, Daniel Loewe, Patricia Martisa y Rex Miller.
Hay otros libros que se han ocupado de estos lugares de ficción, entre los que destaca el Diccionario de lugares imaginarios de Alberto Manguel o el Diccionari dels llocs imaginaris dels Països Catalans de Joan-Lluís Lluís.
Gabi Martínez, que ya había perseguido bestias imaginarias en su ejemplar Animales invisibles, ha viajado ahora al Hudayb de Abderramán Munif. Cuenta que es un circunscripción “muy basado en la efectividad de territorios árabes que, con la presentación del petróleo, se entregaron al dólar y el autor ensalza a los resistentes. Yo me encontré con muchos beduinos que trabajaban de policía, preferían el modo de vida estadounidense al tradicional. Uno de ellos era sabido de un orientación de Lawrence de Arabia y me mostró fotos”.
Luis Fernández Zaurín –que se ocupó de la Comala de Rulfo– cree que “el ser humano necesita tocar las cosas y aterrizarlas en la efectividad, ‘Aracataca-Macondo’, dice un cartel, y otro ‘Vigata-Porto Empedocle’. Invadimos lo vivo con la imaginación, forma parte de nuestra naturaleza”.
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