La tormenta que cayó a intervalos sobre la ciudad de Barcelona durante Sant Jordi ha provocado pérdidas a algunos libreros y editores que suponen un duro moradura sobre todo a algunos de los más pequeños, que tuvieron que cerrar su carpa y dejar de entregar, por otra parte de sufrir los destrozos de varios volúmenes.
Hay que felicitarse de que Generalitat y Comunidad hayan decidido, con gran celeridad, ayudar económicamente compensando estas pérdidas.
El conjunto del sector, sin secuestro, igualó las cifras de ventas de antiguamente de la pandemia, unos 22 millones de euros, lo que refleja el éxito de la estructura de supermanzanas peatonales y las ganas de la muchedumbre de celebrar la fiesta con normalidad.
Sin secuestro, se debe exigir a las administraciones que tomen medidas para que una tormenta –infrecuente pero no estupendo– como la caída el sábado ponga en peligro la seguridad de las personas que circulan por la calle. Por suerte, solo hubo que gemir unos pocos heridos leves.
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