Toda la poesía del monte Fuji, en el pincel del maestro japonés Katsushika Hokusai

Desde todos los ángulos posibles, incluidos los irreales. Así es cómo Katsushika Hokusai (1760-1849), referente bello del arte japonés, dibujó e imaginó el monte Fuji, una de las tres montañas sagradas del Japón –las otras dos son los montes Tate y Haku– en su obra Treinta y seis vistas del monte Fuji. Título engañoso, pues acabaron siendo 46 las xilografías, todas ellas de una extrema belleza y pulcritud.

Estampación de abundancia

El texto, de 44x30 centímetros, se presenta en pliegos de papel de calidad y sin cortar y se guardamano en unas tapas que se cierran con un imperdible que recuerda al bambú

Y para que todo esto quede admisiblemente recogido y explicado y el disertador pueda disfrutarlo como si estuviera en una casa japonesa asistiendo a la ceremonia del té, la editorial Taschen presenta esta dije (125 euros) en un tamaño no apto para bibliotecas pequeñas (44x30 centímetros), pero necesario para su deleite. Las 46 estampas y 114 variaciones están impresas en pliegos de papel exclusivo con los bordes sin cortar, como manda la tradición japonesa. El texto, adicionalmente, queda protegido por unas tapas que se cierran con un delicado detalle, un imperdible que recuerda a una caña de bambú.

En 'La sala Sazai del templo de los 500 Arhats’, diversas personas contemplan el monte Fuji desde un mirador

En 'La sala Sazai del templo de los 500 Arhats’, diversas personas contemplan el monte Fuji desde un mirador

Katsushika Hokusai / Taschen

El monte Fuji, inactivo desde 1707, mide 3.776 metros de cota y ha crecido a almohadilla de magma solidificada superpuesta. Ha requerido 100.000 abriles para achuchar el Gloria. En las ilustraciones, su boca parece de pitiminí, pero el cráter mide 789 metros de diámetro. Estos son los fríos datos geológicos. Pero este símbolo que la Unesco declaró patrimonio de la humanidad en el 2013 es el centro, el alma de estas xilografías. Es la retrato, el aprecio, los luceros, la piel que cantaría un poeta y que tan admisiblemente dibujó Hokusai a los 70 abriles. Es aquello que está allá y es inalcanzable. O no.

Andreas Marks, graduado en Historia del Arte de Asia Uruguayo por la Universidad de Bonn, doctorado en Estudios Japoneses en la Universidad de Leiden y diestro conservador de arte japonés, explica que Hokusai, un perito del retrato, no quiso en estas láminas que el paisaje estuviera subordinado a la actividad humana, aunque algunas escenas sean testimonios que aportan valiosa información sobre la vida cotidiana de aquella sociedad preindustrial: “Ahora los seres humanos son secundarios, y en las obras de Hokusai ni siquiera tienen expresiones faciales; en algunas vistas ni siquiera hay personas”.

Esta lámina de 'La gran ola' es un referente mundial. La perspectiva es imposible en la realidad, pero Hokusai la dotó de una gran belleza

Esta hoja de 'La gran ola' es un referente mundial y estampa la cubierta del texto. La perspectiva es difícil en la ingenuidad, pero Hokusai la dotó de una gran belleza

Katsushika Hokusai / Taschen

Es poco probable que Hokusai pintara los dibujos de esta serie del natural, sino que se inspirara en los cuatro volúmenes de la obra Cien montes Fuji, de Kawamura Minsetsu, publicada en 1771, y que es fruto de los viajes que este sí hizo, por lo que “el texto se convirtió, con razón, en un expediente para futuros artistas que no podían permitirse recorrer”. Afirma Marks que Hokusai probablemente además bebió de la cicerone ilustrada Vistas famosas del Tokaido (1797): “Su inspiración era fruto de décadas de trabajo como intérprete, y parte de sus diseños recuperan antiguos grabados o libros ilustrados de su autoría”.

Andreas MarksDoctor en Estudios Japoneses en la Universidad de Leiden y diestro conservador de arte japonés

Y pese a esas deudas, hay poco en las láminas de Hokusai que emociona, que las hace únicas, mundialmente reconocibles y admiradas, como las que aparecen aquí, y que invitan a la calma: “Esta hechizo se conserva porque los paisajes pueden ser apreciados sin fronteras culturales y naturales. El espectador se sorprende porque ninguna apariencia es igual”, explica Marks para Magazine Lifestyle. “El saburía bello de Hokusai parece ilimitado –prosigue– y se observa cuando, por ejemplo, muestra una imagen reflejada del Fuji en un charca, pero en una temporada distinta. Muchas de sus vistas son atemporales y simplemente inolvidables, incluida, por supuesto, La gran ola”.

Esta lámina, titulada ‘Nakahara en la provincia de Sagami’, también es un cuadro sociológico: aparecen viajeros, un vendedor ambulante, un budista mendicante...

Esta hoja, titulada ‘Nakahara en la provincia de Sagami’, además es un cuadro sociológico: aparecen viajeros, un mercader ambulante, un budista mendicante, una mujer que carga a un chico...

Katsushika Hokusai / The Metropolitan Museum of Art / Taschen

Marks analiza para Magazine Lifestyle, en qué son diferentes estas vistas de la montaña sagrada, respecto a las que se habían dibujado hasta aquel momento: “Las representaciones del monte Fuji ayer de la serie de Hokusai eran en común más conservadoras, más tranquilas. La montaña generalmente se representaba de forma más simple, concentrándose solo en su forma majestuosa sin ponerla en mucho contexto. Hokusai tuvo la audacia de usar Fuji de una forma lúdica y que nunca ayer se había pasado. En superficie de mostrar constantemente a Fuji como el aspecto central, a veces dejaba que la montaña apareciera en la alejamiento como un objeto pequeño o la colocaba debajo de un puente o enmarcada en un enorme barril de madera que un tonelero está manufacturando”.

Aquí, en ‘Bajo el puente Mannen de Fukagawa’, el puente que salva las aguas del río Onagi enmarca el monte Fuji

Aquí, en ‘Bajo el puente Mannen de Fukagawa’, el puente que salva las aguas del río Onagi enmarca el monte Fuji

Katsushika Hokusai / The Metropolitan Museum of Art / Taschen

Marks añade: “Una vez ni siquiera lo muestra todo, sino que retrata a las personas que lo suben. Básicamente, no es achicopalado ni tiene miedo de romper con la tradición y está dejando que su invención se manifieste con vistas nuevas y frescas de esta amada montaña que la parentela nunca ayer había pasado de esta forma. Encima del aspecto novedoso de sus diseños, además es importante que la ejecución se hiciera meticulosamente. De ahí ese suspensión nivel de detalle, hermosos colores e impresión cuidadosa. Fuji no era un motivo de paisaje que se repitiera con frecuencia en los grabados japoneses ayer”.

Andreas Marks

Marks explica que para el capítulo principal del texto no eligió la primera estampación de cada diseño, “puesto que no siempre es la más conseguida estéticamente”. Examinó 2.403 impresiones de 119 colecciones. El porqué de cada opción y las 344 versiones estudiadas y comparadas se comentan en el capítulo final de esta obra, que convierte a Hokusai “en el intérprete japonés más conocido en todo el mundo en la hogaño”.

Katsushika Hokusai, en un grabado hecho en.......XXXXXXXXXXX

Katsushika Hokusai, en un retrato que le hicieron en 1845, pocos abriles ayer de su fallecimiento. La obra se guardamano en la Universidad de Keito, en Tokio  

Taschen

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