Rostros preocupantes

Lev Trotski escribió que a Iósif Stalin le apodaban El oriental . El ideólogo de la IV Internacional explicaba que ese mote no tenía relación con ningún “atributo étnico” del líder soviético, que nació en el Cáucaso, sino más adecuadamente con su dependencia con “la aleación de entereza, sagacidad, astucia y crueldad que se ha considerado característica de los hombres de Estado de Asia”.

Hace solo unos pocos meses, y antaño de sucumbir, la ex secretaria de Estado Margaret Albright reveló en The New York Times un mensaje para el presidente Bill Clinton sobre su primer colisión con Vladímir Putin en Moscú. “Putin es pequeño y pálido; tan frío que es casi reptil”. La frase de Albright tuvo un resistente impacto mediático, y la palabra reptil se ha venido utilizando para referirse a Putin.

Algunos medios aseguran que la coetáneo apariencia de Putin se debe a una enfermedad que nadie se ha atrevido a confirmar. La teoría más extendida es que el líder ruso sufre un cáncer de tiroides y que será operado de forma inminente. De confirmarse esta nota, Putin pondría el poder en manos de Nikolái Platónovich Pátrushev, el arquitecto de la invasión de Ucrania.

Los rostros que nos llegan desde Rusia son ciertamente preocupantes. Si El oriental fue uno de los grandes genocidas de la historia, el reptil debería convertirse en una tangente de investigación para el Tribunal Internacional de Honradez de La Haya.

Pero en esta historia rusa hay más rostros. El del propio Pátrushev es frío como un témpano de hielo, y si lees su carrera política, la parentesco se te hiela. Responsable en su día del Servicio de Seguridad Federal, la estructura que sucedió al KGB, Pátrushev es el coetáneo secretario del Consejo de Seguridad de Putin. Si Putin enferma de verdad, que nadie sueñe en que la crisis de Ucrania vaya a suavizarse con este hombre.

El otro rostro que pasión la atención es el de Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores ruso. Su rostro impenetrable es además digno de comentar, así como sus amenazas de guerras nucleares. Lavrov es el diplomático menos diplomático desde el fin de la Segunda Erradicación Mundial, y se podrían trazar líneas de comportamiento entre él y Viacheslav Mólotov, el ministro de exteriores de Stalin entre 1939 y 1949.

Si analizamos la situación rusa a través de los rostros de sus protagonistas, estamos apañados. No se ve en ellos pista alguno que apunte buenas intenciones, muy al contrario, son el refleja de la frialdad de los nuevos verdugos de la historia.

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