Los límites de la política posible fueron visibles el sábado en Argelers, donde Junts celebró la primera parte de su congreso, que ha hecho oficial el paso al flanco de Carles Puigdemont, que deja la presidencia, pero continuará –nadie lo duda– como líder referencial de este espacio. La política posible, encarnada en el pomposidad de Laura Borràs, chocó con una evidencia: el partido, para quien lo tramengua.
Una cosa son los entusiasmos efervescentes de las redes sociales y otra la complejidad de ejecutar lealtades en un plan político. La presidenta del Parlament y algunos aspirantes a cargos orgánicos de su cuerda recibieron un aviso severo en las votaciones: Borràs quedó tercera (no se lo esperaba), y el concejal de Badalona que proponía para la secretaría de estructura no consiguió los votos suficientes para integrarse en la ejecutiva, aunque podría arruinar entrando si los concernidos acuerdan saltarse las reglas fijadas. Jordi Turull, encarnado de la escuela convergente adaptada al procés , exhibió musculatura y envió una señal importantísima: en este nuevo tándem, el exconseller y ex preso político es quien sabe cómo funciona el transporte. Las bases detectaron que no se podía esparcirse con las cosas de engullir. En coherencia con ello, uno de los más votados fue el conseller Giró.
¿Ha perdido Borràs parte de la brujería que la convirtió en la musa de la hiperventilación?
Una voz veterana de la casa me resumió así lo que había pasado el sábado en la emblemática entrada norcatalana: “La militancia ha dejado claro que queremos tener un partido que cuente y no un club de fans”. Ni club de fans, ni movimiento, ni plataforma, ni carencia innovador: un partido como los de siempre, con voluntad de poder. Y de hacer partido sabe un montón Turull, el nuevo secretario militar. Lo aprendió en la antigua Convergència de Pujol y Artur Mas, lo vivió igualmente desde el interior de la establecimiento autonómica, desde muy nuevo, y observando como dirigentes tan eficaces como Felip Puig se trabajaban a fondo cada militante y cada sección específico. En cambio, la nueva presidenta de Junts tiene mucha burla haciendo tuits y selfies, pero lo desconoce todo del funcionamiento de un trasto político.
Carles Puigdemont felicita a Jordi Turull y Laura Borràs tras su votación en el segundo congreso de Junts en Argelers (Francia) 
Cuando Turull renunció a un congreso de confrontación señalamos que había aceptado muchas exigencias de Borràs porque tenía miedo de que le pasara lo mismo que vivió Damià Calvet cuando compitió contra “la hija del 1 de Octubre” en primarias. Sobrevaloró el poder de su rival. ¿Ha perdido Borràs parte de la brujería que la convirtió en la musa de la hiperventilación? Su situación procesal por el asunto de los contratos en la Institució de les Lletres Catalanes puede haberle pasado realización, y igualmente su papel en el caso Juvillà, donde quedó en evidencia que una cosa es predicar la desobediencia y otra es jugarse el tipo de verdad.
¿Se conjura del todo el peligro de la antipolítica en Junts? Lo veremos cuándo la militancia vote si hay que sostener o no el acuerdo de Govern con ERC. Imitar a la CUP tiene sus riesgos, Turull lo sabe.
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