“Hoy me ha renovador un patinete por la derecha y eso que llevaba la sirena puesta...”, explica el conductor de un coche de bomberos de Barcelona. “Cada vez tenemos menos espacio para circular y para estacionar y como el tráfico está tan tensionado, cuando paramos para acoger a un paciente, contribuimos al colapso... me han llegado a insultar”, corrobora Raúl Pérez, conductor taza. Los vehículos de emergencia sufren en primera vírgula la política de asfixia al coche que impera en Barcelona.
La implantación de los carriles bici, los carriles buses protegidos por pivotes verdes, la ampliación de terrazas y aceras en la calzada, los carriles transformados en aparcamiento de plazo, la aparición de nuevos principios, como bolardos y New Jerseys, la nueva señalización pintada en el cemento... y lo más temido por los conductores de ambulancias: los cojines berlineses. Estos principios y otros integran una larga repertorio de obstáculos que los representantes sindicales del transporte taza consideran que han complicado sobremanera sus trayectos. “Esta política urbanística crea problemas, un día pasará poco y el paciente será quien lo acabe sufriendo, cada vez nos ponen más dificultades”, mantiene Walter Álvarez, responsable de ambulancias de USOC.
Los continuos atascos en las entradas de Barcelona retrasan los trayectos de los servicios no urgentes
En las puertas del hospital Clínic, varios conductores comentan sus últimos trayectos: “Lo peor son las calles que tienen un solo sentido de circulación para los coches pero que tienen un carril bici de doble sentido por donde pasan constantemente bicicletas y patinetes, esto complica los giros”, dicen. “Hay que conducir con mucho más cuidado, ahora vamos lentos, de cualquier parte te sale un patinete”, coinciden todos. La drástica política de reducción de vehículos en la ciudad les ha obligado a modificar la forma de conducir y los itinerarios.
El Eixample es el centro de las críticas. “Es un drama, antiguamente una calle subía y otra bajaba, ahora tienes que agenciárselas rutas alternativas para sortear las zonas más congestionadas”, explica Raúl Pérez, conductor con más de vigésimo abriles de experiencia y representante del Sindi.cat.
Vecinos del Raval lamentan que el incivismo todavía dificulta el paso de las ambulancias y de otros vehículos de emergencia. Las escenas de ambulancias con todas sus luces en marcha detenidas delante de un par de furgonetas de reparto en plena labor abundan en las redes sociales. Los bomberos todavía tienen problemas, de tanto en tanto. Se proxenetismo de un arcaico problema del morería que el nuevo plan de movilidad municipal no aún pudo solventar. La desatiendo de espacios para la carga y descarga de mercancías y todavía el incivismo llevan a muchos transportistas a detenerse donde les va aceptablemente. Y siempre es por un momento. “Ya voy, ya voy...”. Por ejemplo, la angosta calle Salvadors deviene a diario en un improvisado aparcamiento al servicio de las numerosas fruterías instaladas en la calle Sant Antoni Abat. Joaquín Costa, otro viario muy comercial del morería, está todavía en el lista de puntos negros. (Luis Benvenuty)La carga y descarga agrava el problema en el Raval
Uno de los principios que más entorpece la conducción de los vehículos sanitarios son los cojines berlineses. “Te obligan a frenar y cuando llevas a un paciente con afectaciones óseas, la verdad es que sufres tu y él; se nota más que nunca que las amortiguaciones traseras de las ambulancias del CatSalut son demasiado rígidas”.
El entorno de las supermanzanas es otra de las zonas que se han convertido en pesadilla. “Han cortado calles de tráfico dificultando el paso de los servicios esenciales y urgencias sanitarias y, encima, han puesto señales nuevas de todo tipo... ha habido muchos cambios y hemos tenido poco tiempo de habilitación”, considera.
La reducción de carriles para el tráfico de vehículos en calles que son arterias, como Balmes, Aragó, Diagonal, Mallorca, Pau Claris, València, Girona, Bruc... y la ocupación de muchos chaflanes para terrazas o para peatones o para el estacionamiento de las cada vez más numerosas furgonetas que reparten paquetes, les ha restado todavía espacio para detener y realizar el servicio de recogida. “Muchas veces contribuimos a entorpecer el tráfico, pero es que no tenemos otro sitio donde retrasar”, lamenta Pérez.
Capítulo a distancia es el de las retenciones, que afecta especialmente a los transportes no urgentes, los que trasladan a pacientes a sesiones programadas de tratamientos. “El colapso en las entradas de Barcelona o en la zona de las Glòries todavía nos afecta a nosotros, en muchas ocasiones, es inapelable arribar tarde”, añaden.
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