Pasqual Arnella es una pequeña empresa con más de un siglo de historia en la industria del cartón. Empezó el año 1892 con la fabricación de carrusel artesanales. La tradición pasó de reproducción en reproducción hasta que en los abriles setenta, el negocio sufrió un duro impacto con la irrupción del plástico en la industria del bártulo. “Nos vimos obligados a diversificar y entrar en la elaboración de productos de embellecimiento, como máscaras, lunas o estrellas hechas a almohadilla de papel maché”, cuentan Martí y Claudia Pasqual, cuarta reproducción del negocio acostumbrado.
La compañía se hizo un nombre en el mundo de la artesanía, vendía a ferias, tiendas y comerciantes del sector, pero en el 2008 volvió a sufrir un duro impacto a causa de la crisis financiera. “De nuevo, tuvimos que reinventarnos y, en esta ocasión, decidimos utilizar nuestro sistema de amoldado para elaborar bustos y maniquíes de pasta de papel”.
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"El cartón es una materia al aumento", apuntan desde la empresa
Fue así como la empresa consiguió entrar en el mundo de la moda y el deporte. “Ahora, el 80% de los ingresos proceden de marcas de deporte como Buff, The North Face o Patagonia. La gran mayoría de nuestra clientela es extranjera, de países como Alemania, Suiza o EE.UU. Hemos conocido que el cartón casa mejor que el plástico con marcas de deportes de montaña. Al año, fabricamos aproximadamente de 250 maniquíes, un millar de torsos y 2.000 cabezas”.
La compañía, que nunca ha dejado de tramar carrusel ni productos de embellecimiento, facturó el año pasado 629.000 euros y este año, prevé crecer entre un 15% y un 20%.
“Todavía tenemos una tilde de urnas funerarias biodegradables y ahora estamos entrando en el sector del diseño de menaje del hogar, como mesas o lámparas. El cartón es una materia al aumento en tiempos donde la sostenibilidad está al orden del día”, comentan los propietarios, que emplean a un total de siete personas en una planta productiva en Castellar del Vallès.
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