Una adinerada grupo londinense pasa las ocio en un resort de riqueza de Acapulco entre baños en la playa y margaritas correctamente cargados. El sol brilla. Así arranca Sundown, la última película de Michel Franco, para luego ir dando giros que poco a poco van apretando las tuercas al espectador. Tim Roth, amigo y antiguo conocido del cine de Franco, es Neil, el protagonista de este sorprendente drama, que pasó por el Festival de Venecia y ahora llega a las pantallas españolas.
"Es difícil conseguir una interpretación limpia del concepto de interpretación", reflexiona Roth en una entrevista con La Vanguardia, "porque un actor puede hacer de enfadado, de apasionado, de triste..., pero este personaje no funciona así". Y tiene razón. La grupo se ve obligada a regresar a Londres por un fallecimiento, pero al resistir al aeropuerto Neil dice que ha olvidado el pasaporte y que cogerá el venidero revoloteo.
Toma un taxi, pide que le lleve a un hotel cualquiera y se instala en otro Acapulco donde no hay lujos ni margaritas cargados y donde el sol brilla, pero un poquito menos. Neil deambula por ese superficie, porque "decide comportarse de otra guisa". "Lo más complicado fue romper la tabique que separa al espectador del personaje. No todos los días se tiene un papel así", añade el actor, conocido por sus papeles en Pulp Fiction, Reservoir Dogs o El increíble Hulk.
"Neil es un hombre que tiene poder, parné y muchos privilegios, pero elige principiar una nueva vida, estar solo, dejar a su grupo en Inglaterra y fugarse", añade Roth, quien considera que esa atrevimiento "es terrible y egoísta, aunque por otro costado, se puede entender perfectamente que quiera comenzar de cero y es precisamente porque tiene parné y poder por lo que puede permitírselo".
Más allá de las motivaciones de Neil para dejarlo todo detrás, el protagonista de Sundown se encuentra en ese reverso del Acapulco de los folletos turísticos una nueva compañera que hasta ese momento desconocía: la violencia: "La violencia forma parte del paisaje. Rememoración que en presencia de de principiar el rodaje encontramos un cenizas en la playa. Lo más chocante es la separación entre pobres y ricos y entre blancos y morenos".
Roth subraya lo "chocante que resulta ver a ese Neil sentado en la playa en una arnés de plástico, bebiendo cerveza de la botella y relacionándose con personas a las que nunca habría conocido". "Eso es lo que quería mostrar la película en la que se nota la presencia de los cárteles, del parné, de los edificios construidos y vacíos a muy poca distancia de los hoteles de riqueza y de la riqueza más absoluta", agrega.
El actor recuerda todavía que Michel Franco veraneaba en Acapulco cuando era pequeño y "quiso rodar allí, donde ahora están las pruebas de la corrupción, que se ve y no se esconde". El narco ha empujado a la antigua caudal del sol y el mar por el camino de la decadencia. "En los primaveras 50, iban allí las grandes estrellas de Hollywood como Dean Martin o Frank Sinatra... quizá Acapulco no ha cambiado tanto", bromea Roth.
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