S i usted forma parte del millón de personas maltratadas que cada día quedan atrapadas en los accesos a Barcelona, sepa que su calvario no va a durar abriles sino décadas. El gobierno de Barcelona (BComú y PSC) ha tomado la intrepidez particular, olvidando que son la haber metropolitana, de restringir la movilidad viaria de entrada y salida para siempre. Lo ha hecho alegando la lucha contra la contaminación, sin importarle que esas retenciones provocan más polución y olvidando que a muy corto plazo esta movilidad será limpia y menos ruidosa porque los vehículos contaminantes desaparecerán por ley.
Los accesos ferroviarios al puerto de Barcelona están inacabados 
Comunes y socialistas de Barcelona admiten sin disimulo esta intrepidez inmisericorde y egocéntrica con el resto de los ciudadanos metropolitanos. Dicen que no pueden esperar a que se resuelva el gran adeudamiento de transporte divulgado que ofrezca una alternativa de movilidad eficaz al millón de personas maltratadas. Y ahí surge la segunda parte del drama ciudadano: la rácana inversión pública que llega del Estado y la escasa y mal priorizada inversión que impulsa la Generalitat. Lo dijeron desde el mismo Govern la semana pasada a raíz del escandaloso incumplimiento de la ejecución del presupuesto del Gobierno en Catalunya. Explicaron que si, a partir de hoy, todo fuera acertadamente y se cumpliera con lo prometido, tardaríamos un reducido de diez abriles para disfrutar de la restablecimiento de las infraestructuras. Pero esto no va a producirse ni con el llamado Gobierno más progresista de la historia de España, que, por cierto, forman los mismos partidos que mandan en Barcelona.
España se pega un tiro en el pie al desinvertir en uno de sus motores y Catalunya no despierta de su parálisis
La desgracia se agranda cuando hemos sabido que las inversiones que se han reactivado en la red de Rodalies no resolverán la profundo situación. A lo sumo, aumentarán la capacidad de transportar pasajeros en un discreto porcentaje y no en todas las líneas. Digamos que ahora ponen al día la deuda de promesas incumplidas sin sugerir ningún gran esquema nuevo que responda a las micción actuales y futuras, que son distintas al momento en que, hace décadas, diseñaron las inversiones hoy en marcha.
Barcelona y Catalunya carecen de apetencia. Adicionalmente de renunciar a mejorar infraestructuras claves como el aeropuerto o a perder un tiempo precioso con las dudas sobre las necesarias inversiones en energías renovables, nadie plantea soluciones al gran atascamiento en el que está metido el país. Y esas propuestas no pasan por el decrecimiento o la restricción sino por sugerir los proyectos que nuestra sociedad requiere para funcionar en las próximas generaciones. Este plan de futuro se debe diseñar ahora sabiendo lo mucho que nos cuesta ejecutarlo. Mientras tanto, en otros lugares de España y Europa sí se han hecho los deberes y han tomado una superioridad que nos descabalga de la Champions de la competitividad. España se ha pegado un tiro en el pie al desinvertir en uno de sus motores económicos, Catalunya no despierta de su parálisis y Barcelona se repliega. Mal vamos.
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