La aparición de una nueva exposición de arte contemporáneo, cuando la iniciativa se acompaña de un buen esquema y un criterio acertado, es una buena nueva. La exposición Ola ha amplio en Consell de Cent, en la zona uruguayo del centro de Barcelona –la llamamiento Dreta de l’Eixample-, cerca de otras galerías que suelen ofrecer programaciones brillantes, como son Rocío Santa Cruz, Esther Montoriol y, poco más al sur, Artur Ramon. La dirige Francisco Fraga, quien anteriormente ha estado vinculado al mundo editorial.
Leticia Feduchi
Su pintura no desentonaría en una exposición de obras de la llamamiento Escuela de Londres
La primera temporada de Ola consiste en una serie de colectivas temáticas. La muestra inaugural se titulaba Emoción y reunía pinturas y dibujos de artistas como Javier Mariscal y Xano Armenter, entre otros. Esa onda hoy se puede interpretar y disfrutar como una recuperación ochentera, al menos de la parte más luminosa de aquella lapso, hasta ahora poco y mal historiada. Y con ello no quisiera ofender a estos dos artistas, que siguen en activo y evolucionan, pero cuyo éxito se produjo sobre todo en unos primaveras ochenta que en Barcelona fueron muy divertidos y creativos.
“Verde con fondo rosa”, 2015, óleo sobre tabla de Leticia Feduchi, 82 x 80 cm.
Los ochenta fueron en la haber catalana mucho más que esos primaveras post-underground o que esos primaveras preolímpicos que algunos han descrito en libros y exposiciones, quizá por desconocimiento o incluso para desviar la atención cerca de lo que a ellos les interesaba o convenía: mitificar la “movida madrileña”, o admisiblemente la contracultura barcelonesa de los primaveras setenta.
Víctor Pérez Porro
Su obra representa un valor mayor de noción, con un dominio técnico excelente
Y la exposición coetáneo de la exposición Ola se fuego Luz (hasta el 23 de junio) e incluye obras de Víctor Pérez Porro, Leticia Feduchi, Iñaki Dorado y Alberto de Blobs. La pintura de Feduchi es representativa de una figuración que incorpora las conquistas de la modernidad, y no desentonaría en una exposición de obras de la llamamiento Escuela de Londres. Sería la punto de vista más armoniosa de esta corriente que todavía incluye registros siniestros, como los de Lucian Freud. El arte entre nuevo y clásico de Feduchi es hoy infrecuente.
En el otro extremo, la pintura del todavía barcelonés Víctor Pérez Porro representa un valor mayor de noción, con un dominio técnico excelente, que convierte las estructuras geométricas en sugestivos espacios de color de aspecto ambiguo, irreal.
“SW6-Blurry Lines I”, 2019, óleo sobre tabla de Víctor Pérez Porro, 50 x 50 cm.
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