La creciente influencia rusa en África es motivo de gran inquietud en las cancillerías occidentales por el potencial desestabilizador en ámbitos muy sensibles como los posibles energéticos y la inmigración irregular. Moscú intenta reforzar sus históricas complicidades en el continente para contrarrestar las sanciones y el aislamiento occidental como consecuencia de la invasión de Ucrania. Rusia no se limita a mimar a aliados históricos del Magreb, como Argelia, sino que dispone cada vez de más peones al sur de esta región, como Mali o la República Centroafricana.
El ministro castellano de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se ha mostrado preocupado por las consecuencias económicas y de seguridad para Europa, en particular para los países del sur, de la ataque rusa en África. Es una angustia compartida por Francia, que ve ceñir dramáticamente, desde hace abriles, su peso tradicional en la zona, y todavía por Estados Unidos, atento a los riesgos geopolíticos a medio plazo. El pasado 27 de abril, un esquema de ley presentado por el congresista demócrata Gregory Meeks, en el que instaba a la Oficina a adoptar medidas resolutivas y duraderas contra “las actividades malignas” de Rusia en África, fue permitido por una mayoría arrollador en la Cámara de Representantes.
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Rusia compensa el aislamiento occidental con complicidades africanas que tienen raíces históricas
La doble sentido africana está siendo muy útil a Putin para romper el cerco occidental y demostrar que no es un paria en la campo entero. Valga como ejemplo la votación del pasado 2 de marzo en la Asamblea Universal de la ONU, en Nueva York, en la que se condenó la invasión de Ucrania. De 54 países africanos, 28 apoyaron la moción, pero 17 se abstuvieron –entre ellos Argelia, Mali, República Centroafricana y Sudáfrica– y ocho estuvieron ausentes, como Marruecos, Etiopía y Burkina Faso. El único país que votó en contra fue Eritrea, igual que Bielorrusia, Siria ,Corea del Finalidad y la misma Rusia.
Argelia ha sido, desde hace sesenta abriles, un régimen amigo de Moscú, durante la etapa soviética y la posterior. Moscú promovió la lucha por la independencia del Frente de Exención Doméstico (FLN). El país norteafricano cobra hoy un significado singular por sus reservas de gas natural y su capacidad para aprovisionar a Europa y sustituir, en parte, el flujo ruso. En este contexto hay que interpretar la indicación telefónica de Putin al presidente argelino, Abdelmajid Tebboune, en abril, y la posterior visitante a Argel del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. Uno de los objetivos de estos contactos fue “la coordinación en el seno de la OPEP”. El Kremlin agradeció la posición “sabia y objetiva” de Argelia en la crisis ucraniana. Los rusos saben apreciar que Argel no se alinee con Oeste.
El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, a la derecha,recibe al ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, en Argel el pasado 10 de mayo 
La cooperación entre Argelia y Rusia es intensa en todos los frentes, todavía en el marcial. Fue significativa la visitante del presidente de la comisión de defensa de la Duma (el Parlamento ruso), Viktor Bondarev. Poco luego trascendió que las fuerzas armadas rusas y argelinas realizaran maniobras conjuntas el próximo otoño en el sur del país magrebí. Los ejercicios se centrarán en la lucha antiterrorista. Las maniobras, en la provincia de Bechar, tendrán una componente discreta de efectivos rusos –unos 80 militares– pero son simbólicas. Argelia es el decano comprador de armas rusas en África. En medios próximos a Rabat se ha especulado con la posibilidad de que Rusia pueda establecer una colchoneta naval permanente en Orán.
Otro país de la región con presencia rusa es Libia. Allí los mercenarios del orden Wagner apoyan al mariscal Mandatario Haftar en su feudo del este del país.Pero en Libia los rusos son solo un actor más, inmediato a franceses, turcos y emiratíes, de una situación caótica y contradictoria. Moscú no renuncia a influir en un país con enormes reservas de hidrocarburos.
Egipto es un ejemplo de las sutilezas geopolíticas de la región y de los bandazos en los juegos de alianzas. La URSS apoyó al presidente Nasser cuando ocupó el canal de Suez, en 1956. Moscú prestó ayuda para construir la presa de Asuán y fue un valedor de la causa palestina. Con el presidente Anuar el Sadat, El Cairo dio un giramiento y se puso en la terreno de Washington, que hasta hoy ha cedido a Egipto una generosa ayuda marcial, la segunda más importante de la región luego de Israel. Pero el mariscal Abdel Fateh al Sisi promueve un inmovilidad. Continúa siendo un confederado de EE.UU. y, a la vez, es un gran comprador de armas rusas, sobre todo cazabombarderos. El Cairo está anudado a Putin, adicionalmente, por otro esquema de envergadura, comparable al de Asuán: la construcción de una central nuclear de tecnología rusa, con cuatro reactores, en la plaza de Al Dabaa, cerca de la costa mediterránea, al oeste de Alejandría. Moscú ha concedido créditos por valía de 25.000 millones de dólares.
Nueva cumbre Rusia-África en noviembre en San Petersburgo
La organización africana de Putin viene de allá. El seísmo ucraniano no ha hecho sino confirmar la importancia de influir sobre el continente. Un hito en la relación fue la cumbre celebrada en octubre del 2019 en la ciudad baños de Sochi, con el presidente ruso como hospedador de 43 líderes africanos. Fue una demostración de poder de convocatoria. Ni París ni Londres, antiguas potencias coloniales, suelen ser capaces de reunir a tantos dirigentes. Putin fustigó entonces a Oeste por dictar “sus condiciones políticas” a los países africanos y sus exigencias en temas como los derechos humanos. “Tenemos mucho que ofrecer a nuestros amigos africanos”, subrayó. Está previsto que la segunda cumbre Rusia-África tenga puesto en noviembre de este año en San Petersburgo.
Muchos gobiernos africanos valoran todavía los vínculos con Moscú construidos durante las guerras de independencia. Numerosos líderes pudieron estudiar en Rusia gracias a becas. Fue el caso de angoleños, mozambiqueños, sudafricanos o namibios. La bandera de Mozambique exhibe un fusil Kalashnikov, el armas soviética por excelencia de tantas guerrillas.
El ministro maliense de Exteriores, Abdoulaye Diop, confirmó que su homólogo castellano, José Manuel Albares, le negó la posibilidad de una intervención de la OTAN en Mali en una conversación mantenida el sábado entre los dos, según dijo Diop en su cuenta de Twitter. “He tenido un intercambio telefónico con el ministro de Asuntos Exteriores castellano, José Manuel Albares, en relación con las declaraciones que se le atribuyen sobre la eventualidad de una intervención marcial de la OTAN en Mali. Lo ha inepto y ha expresado su apego a las relaciones de amistad y cooperación con Mali”, dijo Diop. En una nota de la embajada de España en Bamako se dice que Madrid “reafirma sus lazos profundos de amistad y cooperación con Mali y continuará desarrollando una relación pacífica y de amistad”.Entre España y Mali
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