En la era de la información, los directores de comunicación son el eje central del engranaje de la transmisión de los mensajes. Los dircom son protagonistas, a veces anónimos, otras no tanto, en el ocio de la comunicación.
Se podría dividir a dircom en dos grandes bloques, los que han trabajado en los medios, o los que proceden de la escuela de la información corporativa desde siempre. Tanto unos como otros, pueden ser o grandes profesionales o verdaderos peligros andantes para sus empleadores.
Hay una película magnífico en la que se analiza admisiblemente el aberración dircom . Es Máquina de eliminación , protagonizada por Brad Pitt y dirigida por David Michôd. La película alcahuetería sobre un normal del ejército de Estados Unidos, Stanley McChrystal (Pitt), mayor jerarca de las tropas de la OTAN en Afganistán.
McChrystal tiene aspiraciones políticas y piensa que su dircom, un oficial del Pentágono, no le sirve para proyectar su imagen
en los medios. Por esa razón, contrata a un civil, a un periodista de una gran agencia de comunicación de Madison Avenue (Topher Grace).
Absolutamente contrario a las clásicas normas del Pentágono, el dircomconvence al normal de que debe salir en la revista Rolling Stone . El marcial le hace caso y deja que un reportero de ese medio –siempre en la ficción del cine, claro– se acerque a su núcleo duro. El resultado es un artículo en el que McChrystal aparece rodeado de alcohólicos y crítico con el presidente. El reportaje no aparece en la primera página, que termina dedicada en la ficción a Lady Gaga, y el normal es destituido al final de la película.
Existe una serie muy fina entre lo que puede interesar de alguno o de poco y lo que puede ser perjudicial. Es función del dircomno profesar de periodista, si no de analista, conocer lo que le interesa a su empleador y no lo que le interesa a los medios. Los buenos dircom, dicho sea de paso, en absoluto mienten o intoxican.
A Laura Borràs le ha pasado lo que al normal McChrystal. Le dijeron que debía lustrar su pésima imagen en TV3 y, extrañamente, en la cautiverio familiar, le preguntaron lo que se le tenía que preguntar. La vergonzosa bronca posterior pasará a formar parte de la semblanza de Borràs, de su dircompolítico, el diputado de JxCat, Francesc de Dalmases, y deja al descubierto las peligrosas y antidemocráticas reglas informativas de los líderes del procés . Es además una advertencia de como el intento de agenciárselas buenos titulares a lo acomodaticio, no es siempre aconsejable.
Publicar un comentario