“Hoy veo la luz”. Tras un liberal calvario, Paula Bonet respiró este lunes un poco más tranquila. Su acosador deberá ingresar en un psiquiátrico. Víctor Galindo, que le robó la paz con su constante hostigamiento, no podrá acercarse a la escritora ni comunicarse con ella en los próximos cinco primaveras. En una sentencia que se ha hecho pública hoy, la jueza condena a Galindo por los delitos de acoso, amenazas, coacciones y rotura de medida cautelar. Es el fin de una pesadilla para la comediante.
El acoso arrancó en julio de 2019, según el relato de los hechos probados contenido en la sentencia. “Galindo comenzó a imponer su presencia y despabilarse la proximidad de Bonet acudiendo al lugar en el que ella desarrollaba su trabajo como escritora, pintora e ilustradora con intención de verla y enterarse de ella”.
Galindo “sufría un delirio de erotomanía capsulado, que condicionaba por completo su voluntad”
Bonet no atendió a los requerimientos del hombre, pero él “reiteró su interés por conocerla y balbucir con ella” y se presentó una y otra vez en el taller. Una mañana “golpeó reiteradamente el cristal de la puerta de la entrada preguntando por ella con insistencia, levantando y bajando la persiana y pegando los labios y manos al cristal dándole besos mientras miraba a la señora Bonet que optó por inculcar la terreno con su teléfono móvil”.
A la derecha, Víctor Galindo, el acosador de Paula Bonet, V.G. El 1 de julio de 2022.#emoji13; EUROPA PRESS#emoji13; 01/07/2022
En paralelo, el acosador “acudía a los eventos y actos públicos de Bonet como una presentación de un ejemplar, exposiciones, una charla, un concierto... adecuadamente la interpelaba con preguntas adecuadamente la incomodaba pasando reiteradamente por su costado o mirándola fijamente”. Y por si fuera poco, “le envió diversos correos electrónicos reclamando su atención”.
Con el confinamiento por la crisis del coronavirus cesó el acosó físico, pero Galindo, que ha agradecido los hechos, “siguió contactando con Bonet a través de mensajes de correo electrónico, Twitter e Instagram de contenido inconexo, inquietante y perturbador, reveladores de su obsesión por ella y de su pretensión de amparar algún tipo de relación”.
Con el fin de la restricciones, el acosador volvió a la carga. “En una ocasión dejó en la entrada del taller un sobre que llevaba escrito el nombre Víctor y la expresión el violador conteniendo un muñeco de plástico en forma de anguila cortado en trocitos”. Además “redactó un hilo de Twitter dirigido a Bonet en el que llegaba a expresar: ‘Más te vale no retornar a pisar mi ciudad porque como me cruce contigo voy a estrangularte y descuartizarte para complacer a todos los miserables vagabundos que habitan las calles de Barcelona. Verás qué festín, dejaré los fanales para lo posterior y guardaré los pezones en una carmañola”.
La jueza considera probado todavía que el acosador “sufría en la época de estos hechos un trastorno patológico, una enfermedad diagnosticada como delirio de erotomanía capsulado, que condicionaba por completo su voluntad. Vivía una ingenuidad paralela que invadía su pensamiento y su comportamiento hasta límites irracionales, imposibilitándole para interpretar de acuerdo con una comprensión común”.
En consecuencia, el laudo ordena que el acosador se “interne en centro adecuado por un tiempo mayor de un año y nueve meses”. Prohíbe que Galindo se “aproxime a Bonet, a su punto de trabajo, residencia o cualquier punto en que se encuentre a una distancia de 500 metros o se comunique con ella por cualquier medio por tiempo de cinco primaveras”. Por posterior, Galindo deberá indemnizar a la comediante con 3.940 euros.
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