Cuando en el siglo XVII se extingue la rama masculina de los Medici, la Villa que había fundado en Roma el Gran Duque de la Toscana pasó a manos de la casa de Lorena y en tiempos de Napoleón, al Reino de Etruria. Fue así que Bonaparte entró en posesión de Villa Medici y la transfirió a la Corporación Francesa en Roma. Desde entonces ha alojado a los ganadores del prestigioso Premio de Roma.
Ubicada próximo a la Iglesia de la Trinidad del Monte, abre al púbico para contemplar sus jardines e imaginar su época de esplendor, con todas las esculturas y fuentes, pero asimismo el interior del elegante edificio que, a parte de la habitación donde estuvo en arresto Galileo, alberga desde las pinturas de Velázquez hasta los frisos y techos del florentino manierista Jacopo Zucchi.
Franco al manifiesto, el hermoso edificio exhibe los frisos y techos del florentino manierista Jacopo Zucchi.
Kaouther Adimi está entre los ‘pensionnaires’ pero demuestra que Francia no ha superado la crisis de Argelia
Como todas las familias del Renacimiento (los Barnerini o los Pamfili, de la que surge Inocencio X), los Medici buscaban el papado. El poder implicaba ser Papa. Y había familias que alegaban ser descendientes de la clan César, se reivindicaban patricios. De hecho fue a través de Roma que sobrevivió la civilización helenística.
La preocupación del arte es hoy muy distinta. Y entre las inquietudes de los pensionnaires de Villa Medici está el poscolonialismo. Su petición de retirar los tapices indios del gran salón causó revuelo en los medios franceses, que lamentaron que la civilización de la suspensión hubiera llegado hasta allí.
La inspección precolonial de los hermosos tapices indios que colgaban de las paredes en el gran salón de Villa Medici
“Nos pareció que eran piezas para contextualizar en un museo y no para tener en el salón principal”, recuerda Parra. “El poscolonialismo no es un tema prioritario en mi campo de la música, aunque lo trataré en una ópera que hago sobre el Congo. En cambio en la letras y las artes plásticas he gastado que es primordial”.
Una de las escritoras con las que ha colaborado el músico en su estancia en Villa Medici es la argelina Kaouther Adimi ( Piedras en el faltriquera ), quien quiso proyectar aquí La batalla de Argel , de Guillo Pontecorvo. Parra puso música a un relato que escribió sobre los dos pavos reales que quedan en los jardines de la Villa y, próximo a su pareja, la pianista Imma Santacreu, musicó en la vernissage de los pensionnaires uno de los capítulos de la última novelística de Adimi, Au vent mauvais .
Hèctor Parra al piano, con Imma Santacana, musicando la leída del extremo tomo de la escritora argelina Kaouther Adimi (a la derecha)
En ella relata un episodio de la Segunda Aniquilamiento Mundial en que los soldados del septentrión de África que lucharon por Francia contra los nazis fueron luego encerrados en Versalles y tratados como inmigrantes apestados. No se les permitían ni ir al cine, no fuera que se mezclases con blancas... Uno de ellos era el anciano de la autora.
“Hicimos una leída musicada en la que Imma tocaba una especie de Sarabanda y combinábamos la arrogancia versallesca con el scratch de la hidrofobia estomacal..”.
Francia integra a los creadores de las excolonias, les hace pensionnaires en Roma... pero no ha superado la crisis de Argelia.
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