Hacía más de siete abriles que la banca española esperaba una subida de tipos. Y cuando ha llegado no ha sido tal como lo tenían planeado en sus planes estratégicos. La salida de los niveles negativos que ha comenzado este mes se da en una situación de altísima incertidumbre (algunos usan el
término de precrisis) en presencia de la desbocada inflación, los bloqueos en la dependencia de suministro, el increíble precio de los combustibles y la cruzada de Ucrania. Y por si fuera poca la incertidumbre, el Gobierno ha improvisado en el extremo momento un nuevo impuesto que deberán abonar las grandes entidades en los próximos dos abriles por valía de unos 3.000 millones de euros.
Esta semana, el director del Asiento de España, Pablo Hernández de Cos, ha querido dejar claro que el sector en España se encuentra en una mejor posición para afrontar los nubarrones que se ciernen sobre la finanzas que la que tenía en el 2007. En cuanto a la subida de tipos, que podría durar al 1,5%, en palabras del propio Hernández de Cos, reconoció que es positiva para los márgenes de los bancos pero advirtió todavía de los riesgos de la desaceleración sobre la morosidad especialmente de los clientes más vulnerables.
Pedro Pérez Iruela, socio director de los Servicios Financieros de EY, reconoce las buenas perspectivas que se abren “posteriormente de muchos abriles de tipos de interés nulos o negativos, en los que la rentabilidad del negocio bancario ha estado penalizada”. Pérez Iruela recuerda que se dará una depreciación de carteras porque “las operaciones a tipo variable siguen pesando más en las carteras de los bancos españolas, a pesar del auge de las operaciones a tipo fijo de los últimos abriles”. Sin hacer carencia, los bancos ingresarán más por las hipotecas concedidas abriles detrás.
La banca española está en una mejor situación que la europea en presencia de el nuevo marco que se abre
Francisco Uría, responsable completo de banca de KPMG. matiza que “se alcahuetería por el momento de una subida moderada por lo que no se anticipan grandes cambios del costado de las entidades, aunque sí tenderá a mejorar su rentabilidad”. Desde Analistas Financieros Internacionales (AFI), la consultora de banca María Rodríguez sostiene que los principales mercancía negativos son “la pérdida de valía producida ya en las carteras de renta fija y en la capacidad de cuota de las familias y empresas, en presencia de un entorno de refrigeración macroeconómico”.
Cuando se víctima al detalle de los grandes bancos y se les pregunta directamente –esta semana todos dieron su opinión– sobre el corto y medio plazo, hay más claros que nubes. Incluyendo el nubarrón de los citados 3.000 millones a acreditar en el nuevo impuesto de la banca.
El mentor delegado del Santander, José Antonio Álvarez, reconoció que “la subida de tipos ayudará a que los ingresos tengan una mejor dinámica” mientras prevé perseverar los costes. Sobre la morosidad, reconoció que “no vemos ningún avería en la calidad crediticia”. Un buen horizonte.
Con otras palabras, su homólogo en el Sabadell, César González-Bueno, vio buenas perspectivas especialmente para el 2023: “Esperamos un buen comportamiento, pero no vamos a dar previsiones más allá de 2022. Del 2023 solo podemos afirmar que esperamos que los vientos de posaderas sean más favorables que los vientos de cara”.
Desde el BBVA y CaixaBank mostraron poco más de dudas. El mentor delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, habló de incertidumbres para el año próximo. Sobre los tipos, dijo que “la subida va a durar al 1% en el Asiento Central Europeo (BCE). Es una subida muy moderada, y tarda un cierto tiempo en impactar en nuestro oscilación. Tenemos incertidumbre sobre el avería financiero”.
Onur Genç, mentor delegado del BBVA, en una recta muy equivalente dijo que “hay mucha incertidumbre” sobre el futuro y, por eso, en su opinión el impuesto a la banca “no llega en el momento adecuado”.
Los neobancos y las ‘fintech’ se mantienen como amenazas al sector tradicional
Aunque no hay unanimidad, la idea que más se repite en los despachos de los dirigentes de las principales entidades es que pesarán más los mercancía positivos (subida de tipos) que los negativos (morosidad e impuesto en la banca), aunque se mantienen las dudas sobre los mercancía de la transformación económica. Obviamente, si Rusia corta el suministro de gas, la recesión será un hecho de consecuencias impredecibles.
“El sector financiero se enfrenta, como el conjunto de la finanzas española, a un contexto de longevo incertidumbre. No obstante, lo hace desde una posición muy sólida en términos de solvencia, solvencia e incluso rentabilidad, lo que nos aleja de la experiencia negativa de la gran crisis financiera completo del 2007”, reflexiona Uría (KPMG).
¿Una nueva revés de tuerca a la rentabilidad del sector podría derivar en una nueva ronda de concentraciones o en nuevos cortaduras de empleo y de oficinas? “Sin duda no es descartable que un deterioro de la situación económica pudiera ser una situación en la que se valorasen nuevos ajustes que ahora no parecen previsibles o estan entre las prioridades del sector. Sí se producirán ventas de carteras de activos de víctima calidad ( non performing )”, contesta Pérez Iruela (EY).
La banca española se enfrenta a la nueva situación en una mejor posición que la de la crisis del 2007
En opinión de Rodríguez, “es previsible que en la medida en que aumenten los ingresos, la eficiencia mejore vía ingresos”. La analista de AFI añade que una operación de concentración “es una valor interna de las entidades que dependerá de la situación y capacidad de cada una de ellas”. No hay ruido de sables por ahora en los despachos de los grandes bancos españoles.
Esta semana, Gortázar y Genç fueron especialmente críticos con la competencia de la banca internacional en el entorno gachupin en el que quedan exonerados del cuota del impuesto.
A escalera europea, la posición de la banca española no es mala: Uría (KPMG) considera que “los bancos españoles se enfrentan a la situación contemporáneo de incertidumbre económica en una posición que no compara desfavorablemente con la de los bancos europeos una vez que el BCE ha conjurado la longevo amenaza para la finanzas española: el peligro de fragmentación financiera en la eurozona a través del nuevo herramienta de transmisión de la política monetaria (TPI)”. Rodríguez añade que la banca europea parte de “una situación menos oportuno que la banca española, en gran medida minorista, con longevo peso en el oscilación de préstamos a tipo variable y una longevo cuota del beneficio”.
El impacto de la ascensión de precios sobre la morosidad es controlable por ahora, según las entidades
El extremo factor que determinará el futuro de la banca española es la transformación de los llamados neobancos o de las fintech en el entorno de subida de tipos. “Han disfrutado en estos últimos abriles de un acercamiento casi ilimitado a financiación que probablemente cambiará con las nuevas condiciones del mercado. En este contexto de último solvencia, aquellos nuevos entrantes que sean capaces de mostrar modelos de negocio capaces de ser rentables a corto o medio plazo podrán seguir delante, pero aquellos que no sean capaces de hacerlo no tendrán otra posibilidad para sobrevivir que aliarse con los bancos tradicionales”, avisa Uría (KPMG).
Rodríguez (AFI) opina que “las fintech y los neobancos van a seguir manteniendo la competencia en el sector bancario fruto de su posicionamiento en negocios de hornacina, entre los que se encuentran los servicios de pagos y la financiación a consumo y pymes, donde cuentan con la delantera de ser en gran medida digitales” y su último estructura de costes.
Tras el espacioso invierno de los tipos, la primavera ha llegado a la banca española. Estará por ver que si viene con tormentas que arruinen la cosecha.
El Gobierno retraso percibir 3.000 millones de euros con el nuevo impuesto en dos abriles. Según cálculos de las propias entidades, el primer año CaixaBank sería el lado que más contribuiría, con unos 450 millones. A continuación se situaría el Santander, con en torno a de 300 millones. La contribución del BBVA sería de 250 millones, mientras que en el caso del Sabadell se situaría entre 140 y 150 millones. El resto correspondería a entidades más pequeñasTres mil millones en dos abriles
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