Los actores de los pagos digitales

Acerca del futuro del plata hay opiniones (y fantasías) para todos los gustos. La existencia contante y sonante indica que los pagos digitales han reses dominio sobre el efectivo, pero están muy allá de desplazarlo. Simplifican la vida de los ciudadanos, de eso no hay duda. Para que esto ocurra y los beneficiarios lo perciban así hacen desidia unos actores de los que el beneficiario global escasamente sabe que existen: los especialistas hablan de un maniquí de cuatro esquinas.

Extracto imprescindible: el beneficiario negocio a un comercio (o un hotel, una aerolínea o el prestador de un servicio online) y se le carga el coste en su cuenta. Para que esta transacción llegue a buen fin han de intervenir otros dos interlocutores (o esquinas): un intermediario financiero al que llaman adquirente y unas redes de medios de cuota o esquemas, con Visa y Mastercard como las más conocidas. El maniquí se enriquece con más actores, que no son propiamente esquinas: se ocupan de la acogida (pasarela de cuota) o facultad entre distintos adquirentes y redes.

Así entra en panorama David Valero, director de Merchant Services de Worldline. Esta división aporta el 70% de los ingresos totales –de 2.020 millones de euros en el primer semestre– del peña. Es líder europeo por convexidad de transacciones gestionadas y número cuatro de la tabla mundial, precedido por tres rivales estadounidenses. Ningún peña chino asoma –por ahora– en esta competición de efecto total.

Expansión total, integración erecto y presencia locorregional son las tendencias del mercado

“El objetivo de Worldline es manifiesto: seguir creciendo tanto por la vía orgánica como por la inorgánica. Porque el tamaño importa en este mercado globalizado, que se combina con la indigencia de presencia locorregional”.

En los dos últimos abriles, Worldline ha adquirido varias compañías en diversos países: una en Italia, dos en Grecia, otra que cubre los países nórdicos... Y todo indica que así seguirá, porque pretende –dice Valero– “atender conjuntamente a los clientes nacionales y localmente a los internacionales. Hay de todo: grandes superficies, cadenas de moda, marcas de suntuosidad o compañías como Ikea, que nos pidió una opción específica que no fuera la misma que tienen con nosotros en Francia ni la que tienen en Suecia o Noruega; lo digo para señalar que los rasgos de cada país son relevantes en este negocio. Somos globales, pero tenemos que respetar los esquemas locales existentes, como en Portugal, Italia o Bélgica”.

¿Es este un augurio de concentración en el sector? “Sí y no. La atomización además juega, porque tenemos que estar en muchos países; asimismo los núcleos locales han de ser abiertos, porque en cada país hay actores de hornacina que integrar en la opción que ofrecemos al comercio”. Habrá al menos un normalizado de comunicaciones. No del todo. “Ésa es la tendencia e incluso existe una norma ISO, pero en España, por ejemplo, es imprescindible usar el protocolo de Redsys, un consorcio que está controlado por los bancos”.

La que fue filial del peña francés Atos, bollo unos 4.000 millones de euros al año

Las tarjetas siguen siendo el medio de cuota dominante, pero se combinan crecientemente con el cuota con móvil, que ha reses predicamento durante la pandemia. Las novedades que están agitando al mercado proceden de iniciativas financieras: una son los débitos de cuenta a cuenta (Worldline ya ha integrado Bizum, pero Redsys todavía lo está considerando) y BNPL, siglas en inglés de compre ahora y pague más tarde, que despierta interés en una de las esquinas, el comercio, y recelos en otra, los bancos.

Con la aparición de estas y otras novedades –ahí están al acecho las criptomonedas–, concluye Valero, “todos tenemos indigencia de reinventarnos, no podemos ignorar ningún movimiento”.

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