La cabina japonesa que conecta con el más allá

La herida que causó en 2011 el terremoto y tsunami en el noreste de Japón todavía no ha cicatrizado. Tal vez nunca lo haga del todo. La tragedia alcanzó cifras de catástrofe: 15.893 muertos, 2.556 desaparecidos y unos 6.152 heridos, según el empleo de Defensa. Fueron muchas las muestras de apoyo y condolencia que llegaron al país por parte de la comunidad internacional tras el suceso y el posterior casualidad nuclear de la central de Fukushima. Pero, pocos meses a posteriori, cuando la exposición mediática llegó a su fin, solo quedó el duelo de quienes habían perdido a un ser querido.

Un año antaño, en 2010, el paisajista Itaru Sasaki no conseguía exceder la homicidio prematura de su primo, con quien mantenía una estrecha relación. Quería poder continuar con su día a día pero no estaba dispuesto a dejar de susurrar con él. Para que la pérdida fuera más leve, decidió usar sus dotes y restauró una vieja cabina telefónica que instaló en el centro de su pensil, en Ōtsuchi. El teléfono no tenía bisectriz, conectaba con el derrota, pero a Sasaki le permitía desahogarse siempre que lo necesitaba. Se encerraba allí durante un rato y decía en voz ingreso todo aquello que hubiera querido asegurar a su frecuente sin ser molestado.

Télefono del viento

Télefono del derrota

Laura Imai

El paisajista Itaru Sasaki creó este espacio mientras estaba de duelo por la homicidio de su primo

Cuando Japón se cubrió de duelo unos meses a posteriori, pensó que su invento podría ayudar a más parentela y ofreció la cabina, que se salvó de la tragedia conveniente a su ubicación elevada encima de una colina, a todo aquel que lo necesitara. Parte de su pueblo, Ōtsuchi, no corrió la misma suerte y quedó devastado por el terremoto y el seísmo. Frente a la sorpresa de Sasaki, llegaron hasta allí centenares de personas que querían despedirse de quienes no habían podido salvarse.

La cabina japonesa que conecta con el más allá

La cabina japonesa que conecta con el más allá

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Se calcula que en los tres primaveras posteriores al desastre se acercaron unos 10.000 visitantes. Y todavía hoy, aunque de forma más espaciada, lo siguen haciendo. Y no exclusivamente para susurrar de lo acontecido en 2011. De hecho, hasta allí viaja incluso parentela de diferentes países para dar un postrer adiós a sus seres queridos y lo hacen con más frecuencia desde que empezó la emergencia sanitaria por la covid. “Así como un desastre, la pandemia caldo de repente y cuando una homicidio es repentina, el duelo que vive una grupo todavía es mucho más vasto”, explicó el paisajista, de 76 primaveras, en una entrevista a Reuters .

En los tres primaveras posteriores al terremoto y el tsunami unas 10.000 personas utilizaron el teléfono

La cabina se ha convertido en un espacio de peregrinaje, que no en un espacio turístico, tal y como especifica a La Vanguardia Laura Imai. Hace primaveras que esta italiana vive en Japón y se quedó muy sorprendida cuando conoció la existencia del que se conoce como Bell Gardia. El impacto fue tal que acabó escribiendo una novelística al respecto, Las palabras que confiamos al derrota , que recientemente ha llegado a las librerías españolas y que tiene como protagonista a Yui, una locutora de radiodifusión que pierde a su mama y a su hija de tres primaveras en la gran catástrofe. En su búsqueda de paz y consuelo conocerá a Takeshi, un médico cuya hija conserje silencio desde la homicidio de su mama. Entreambos se apoyarán en ellos mismos para sobrellevar el dolor y en la singular cabina telefónica.

Télefono del viento

Télefono del derrota

Laura Imai

“Cierra los luceros suavemente y audición amablemente el sonido a tu en torno a cuando hablas a través de tu corazón”, invita la web del Bell Gardia, que adelanta que su ubicación exacta no aparece en los mapas, precisamente para evitar masificaciones y, luego, pierda su objetivo principal. Quien efectivamente la necesite, una vez allí, cualquier pueblerino indica su dirección. “Un espacio que reconforta el alma y el corazón de las personas y que hace crecer la mente hermosa de las personas”, continúa la descripción.

La escritora cuenta cómo esta iniciativa le cambió “la forma de percibir el papel de la imaginación”

Para Imai fue un espacio revelador, tal y como ella misma confiesa a este medio. “Creo que puedo asegurar, sin peligro de exagerar, que saludar Bell Gardia y conocer a la grupo Sasaki cambió mi vida. Me cambió la forma de percibir el papel de la imaginación, de lo necesario que es educar a los niños para que vean lo que no es visible a los luceros para afrontar las grandes pruebas que nos impone la existencia. Saint-Exeupery tenía razón “lo esencial es invisible a los luceros”.

¿Sería una buena idea trasladar esta iniciativa en otros lugares? Desde Gran Bretaña y Polonia han contactado con los creadores de este espacio para estudiar alguna propuesta similar. Gemma Ruiz, psicóloga sanitaria, lo ve “una buena idea” y explica que “cada caso es un mundo. Influye mucho el momento en el que está cada persona y sus creencias pero, en militar, cuando perdemos a un ser querido sentimos una gran menester de no perder el vínculo. Al principio es una cuestión más física. Necesitamos tocar y abrazar. Con el tiempo entra la perspectiva más espiritual. Apreciar que no es que la persona se haya marchado sino que está en otro espacio”.

Gran Bretaña y Polonia estudian instalar cabinas del duelo en sus respectivos países

En este sentido, añade, “el teléfono no es la cura, pero puede ser una ayuda. Y en los casos en los que no hemos podido despedirnos de otra persona puede resultar una utensilio liberadora. Verbalizar todo lo que te hubiera gustado asegurar es un buen adiestramiento y poco que se invita a hacer en terapia, muchas veces en forma de carta. El teléfono jugaría aquí el mismo papel”.

Télefono del viento

Télefono del derrota

Laura Imai

¿Cuándo no puede funcionar? “Cuando tenemos a alguno estrictamente racional que se niega a creer en estos métodos más espirituales. O, por otro costado, cuando alguno no está gestionando acertadamente el duelo en el interior de unos parámetros considerados normales, pues podría aparecer a crear una dependencia”, detalla la experto. Por ello, insiste en la importancia de que un terapeuta nos acompañe en este proceso aunque, advierte, “la dependencia no es poco que venga provocada por el teléfono. Viene de antaño. Si no es el teléfono será otra cosa como, por ejemplo, saludar cada día la tumba u otras cuestiones como no cambiar el orden de las cosas de la habitación del difunto. Conductas que al principio del duelo pueden ser habituales pero que se tienen que trabajar para que no se transformen en una obsesión con el tiempo y acaben causando más angustia que emancipación y sanación, que son los principales objetivos”.

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