"Pasó poco extraordinario: hubo una arrebato de ilusión colectiva y orgullo”, concluye Joan Ganyet. Él era el corregidor de la Seu d’Urgell cuando Barcelona fue nominada sede de los Juegos Olímpicos. La sensación de esquema compartido y de oportunidad de transformación se expandió mucho más allá de Barcelona. Quince municipios, encima de la renta, vivieron en primera persona un evento que superó de liberal el interés deportivo para convertirse igualmente en un acelerador de desarrollo urbanístico e incubadora de actividad económica que, 30 abriles posteriormente sigue activa.
En Catalunya, la Seu d’Urgell, Badalona, l’Hospitalet de Llobregat, Viladecans, Sabadell, Granollers, Terrassa, Castelldefels, Banyoles y Mollet del Vallès acogieron competiciones oficiales. Se unieron al club de las subsedes Zaragoza y València (en la modalidad de fútbol) y tres poblaciones más, Reus, Vic y Sant Sadurní d’Anoia, fueron escena altanero con el hockey sobre patines, que fue deporte de exhibición. Una característica tenían en global todas las subsedes, la tradición deportiva en cada población del deporte del que fueron anfitrionas, como el hockey en Terrassa, el baloncesto en Badalona o el béisbol en Viladecans y l’Hospitalet de Llobregat.
El éxito del maniquí de subsedes olímpicas de Barcelona’92 se basó en el buen entendimiento del comité coordinador con los ayuntamientos participantes, la gran mayoría con alcaldes del PSC. Eso, la ilusión de los ciudadanos aficionados a los deportes que acogieron y, cómo no, la implicación de clubes y entidades sociales que tuvieron un relevante papel de anfitriones. A pequeña escalera, pero como en Barcelona, políticos de distintos colores de cada municipio y sociedad civil remaron en la misma dirección con objetivos compartidos.
El impacto fue dispar en cada subsede. A partir de la elaboración de un plan específico para cada plaza, se proyectaron siete instalaciones deportivas nuevas y tres remodelaciones. Por otra parte, en Banyoles y la Seu d’Urgell, por ejemplo, se habilitaron residencias específicas para deportistas, con lo que la inversión recibida fue superior que en el resto de sedes. En total, el comité coordinador destinó a las subsedes 39.761 millones de pesetas de la época, unos 240 millones de euros.
Se negociación, sin incautación, de una signo aproximada, puesto que cada municipio, en función de sus planes urbanísticos, aprovechó el momento para realizar transformaciones más ambiciosas.
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