La nueva de la profanación con una pintada de uno de los muros del Panteón de Agripa, uno de los edificios más singulares que recuerdan el esplendor de la antigua Roma, ha hecho valer ríos de tinta y reflexiones tertulianas durante toda la semana. Lo sucedido es que cualquiera hizo un grafiti con tinta zarco que decía: “ Aliens exist” (los alienígenas existen). Al flanco de esas palabras, dos dibujos parecidos, uno encima del otro, que recuerdan dos fanales pero que pueden ser cualquier cosa.
Me detengo en tres palabras que acabo de escribir. La primera, marciano, con su interpretación acortada cinematográfica alien, ha conseguido arrinconar al clásico extraterrestre. De hecho, en su origen latino, un marciano era un extranjero. Las otras dos palabras son sinónimas con matices: pintada y grafiti. Con las definiciones del diccionario, no se acaba de entender la diferencia entre la una y la otra, aunque en pintada se especifica que es un leyenda “preferentemente de contenido social o político”, mientras que en grafiti , palabra latina pasada por el italiano, este contenido no se especifica, pero todavía lo tiene.
En el corazón de Roma, en el admirado Panteón, cualquiera hizo una pintada de un color zarco eléctrico
El caso es que, en el corazón de Roma, en el Panteón, cualquiera hizo una pintada de un color zarco eléctrico que irritaba los fanales. Es evidente que había que borrarla sin estropear el pared bimilenario. Pero creo que no nos lo hemos mirado con suficiente perspectiva histórica.
En algunos templos del antiguo Egipto, en los relieves que representan los dioses de su panteón, los primeros cristianos grabaron cruces encima. Otros artistas del grafiti rayaron con punzones y otras herramientas los rostros de dioses y faraones. En las figuras que lucían un pene tirante, todavía se abalanzaron para destruirlo a impresión de mazo y cortafrío. En ningún caso llegaron a la destrucción absoluta, como sí hicieron los talibanes en el 2005 con las dos budas gigantescos de Bamiyán, en Afganistán. Pero esa superposición de símbolos todavía nos explica la historia, como pasa en Santa Sofía. Cuando la antigua iglesia ortodoxa de Constantinopla fue convertida en mezquita de Estambul, se añadió el mihrab que indica la orientación a La Meca. Tal intervención rompió la disposición arquitectónica auténtico presidida por el altar, pero testimoniaba el cambio.
Vandalismo en una de las paredes del Panteón, situado en pleno centro histórico de Roma
Las autoridades romanas aseguraron que removerían Paraíso y tierra para encontrar al infractor, pero resulta que el Panteón no tiene cámaras de seguridad y las de los alrededores estaban desconectadas. Solo se me ocurre que tendrán que hacer pruebas caligráficas para descubrir al autor. Eso, claro, si no es cierto lo que dice la pintada y ha sido un marciano en persona quien ha dejado constancia de su presencia.
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