Max Mara rinde homenaje al surrealismo y al fado

Ian Griffiths entra en la estancia cargando con su moodboard –un gran mural sobre corcho con fotos de la librepensadora Natália Correia, la cantante de fados Amália Rodrigues o la pianista Maria João Pires, obras de arte de Nikias Skapinakis y fotos de los jardines de la Gulbenkian–, que han inspirado su nueva colección. Ahí está todo: de dónde sale la paleta de colores o los estampados tropicales. Griffiths es un inglés singular –nacido en Suffolk hace 61 primaveras– que estudió cimentación y, con Bowie como ídolo, fue punk. 

Desde hace más de 20 primaveras está al frente del diseño de la primera hilera de Max Mara, donde sostiene el sobrio oficio de la sastrería contemporánea encima de una pasarela. En las oficinas de la Avenida da Liberdade, Lisboa, flota el ámbito de la víspera: modelos e influencers se prueban trajes de la firma para refulgir tanto en la cena de bienvenida que la grupo Maramotti dará en el Palacio dos Marqueses da Fronteira –un antiguo pabellón de caza del siglo XVII , puro esplendor de la decadencia– .

El creativo Ian Griffiths y la cantante de fado Carmiho tras el desfile en Lisboa.

El creativo Ian Griffiths y la cantante de fado Carminho tras el desfile en Lisboa. 

Daniel Faro

Todavía acudirán vestidas de la firma en el desfile que se celebrará al día venidero en la Fundación Calouste Gulbenkian. Griffiths parece tener tiempo. Y satisfecho por los hallazgos que le han permitido hacer una colección sexy y seria a la vez, paladea el espíritu a la portuguesa.

La cita de Max Mara no solo consiste en un desfile: personajes de la sociedad portuguesa, artistas y un cebado rama de prensa internacional se entregarán durante dos días a la experiencia de una colección que quizás debiera de dejar de apellidarse “Resort” –término que engloba las prendas diseñadas para ese verano invernal de los ricos–. Los creadores aprovechan esta excusa para profundizar en una civilización, o una época histórica y, sirviéndose de su universo, conciben una colección liberada de tendencias.

El diseñador convirtió los frondosos jardines de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa en la pasarela de su colección Resort 2023

El diseñador convirtió los frondosos jardines de la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa en la pasarela de su colección Resort 2023

Cortesía de la firma

De Portugal, Griffiths, un auténtico estético, se ha detenido en un personaje harto olvidado: Natália Correia, poeta, intelectual y instigador que luchó contra el fascismo del régimen de Salazar, y que, en 1968, fundó el Bar Botequim, donde reunía a per-sonajes como Ionesco, Henri Miller o Graham Greene. 

“Natália Correira fue una bella fea, inteligente, muy sensual, militante de un feminismo particular que juega con el erotismo” afirma Griffiths, que se quedó fascinado por su figura y –“para capturar su ocurrencia sensual”– leyó toda su poesía en portugués. Ella le condujo a “una colección más voluptuosa; incluso el sobretodo adquiere una forma de ánfora, más femenina. He sofisticado mis claves”. Y añade: “creo que todos buscamos conducirse nuestras vidas de una modo que satisfaga las diversas facetas de nuestra personalidad: la creativa, in-telectual y sensual; y aquí hay una mujer que lo logró y una colección que celebra ese logro”.

Ian GriffithsDirector creativo de Max Mara

Las modelos parecían flotar sobre el lago de la Fundación Gulbenkian

Las modelos parecían flotar sobre el charca de la Fundación Gulbenkian

Otras fuentes

El diseñador cuenta que, en su inmersión en la poesía portuguesa, quiso, por otra parte, conocer el fado y a su presente reina, Carminho. Y decidieron colaborar. En una de sus conversaciones, ella le preguntó qué creía que diferencia a España de Portugal: “yo le respondí que España es más explosiva, mientras Portugal sigue estando velada, y es como la ceniza incandescente. Poco que se advierte en la diferencia entre el flamenco y el fado”.

La artesanía es otro punto central en la colección, como el Griffiths admite “porque es una de las esencias de la civilización portuguesa”. Y la conecta con el espíritu portugués “a través de los lenços dos namorados, declaraciones de apego bordadas con flores y corazones que son deseos”. Adicionalmente, toda la colección ha sido producida en Portugal, “si no hubiera sido como robarles las ideas y hacerlas en otros países. Solo hemos trabajado con artesanos del país”, razona el erector creativo de la firma pro-piedad de la grupo Maramotti, que cuenta con 4.500 empleados a lo prolongado y pancho del mundo.

Diseños de la colección Resort de Max Mara

Diseños de la colección Resort de Max Mara. 

Isidore Montag / Gorunway.com

Las prendas se presentaron a finales del mes de junio en los modernistas jardines subtropicales de la Fundación Gulbenkian, entre magnolios, azaleas, madreselva y sicomoros, en una pasarela instalada sobre su estanque. Faldas entalladas, blusas de moño, vestidos y sus clásicos abrigos, revisados –cónicos cerca de la parte inferior y con más tamaño en la superior–. Por primera vez, sobre la pasarela, un hombre, Martim Morais, vistió uno de esos abrigos –un Manuela en camel, la prenda más vendida de la firma– “para reflectar la sinceridad de que cada vez hay más hombres que lo hacen. Poco que celebrar, ya que siempre fue al revés: la mujer tomaba prestada una chaqueta o el smoking. Ahora veo cómo se visten los jóvenes, y casi ningún mantiene las convenciones”. Durante el desfile, tan solo se escuchó música de Carmiho, y la nostalgia se abrió paso entre las faldas lapicero.

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