El desenvuelto vídeo del pasillo de la escuela de primaria de Uvalde (Texas), donde se ve a un buen número de policías de brazos cruzados durante 77 minutos, como si unos metros más allá, en un cátedra, no hubiese un pistolero armado con un fusil de estilo marcial, ya constató con claridad la monumental mentira de aquella intervención descrita como “heroica” por las autoridades el pasado 24 de mayo.
Murieron 19 niños y dos profesoras antaño de que, 77 minutos luego de su entrada, los uniformados acabaran con el asaltante, Salvador Ramos. Ese tránsito del inexacto heroísmo a una conducta vergonzante, desmerecedora del uniforme en opinión de muchos, se refleja en el referencia más minucioso realizado sobre ese tiroteo, difundido este domingo. En este documento se explica que un total de 376 agentes, de agencias locales, estatales (91 uniformados) y federales (al menos 150 policías fronterizos), acudieron a la convocatoria. A todos les achaca, independientemente de su experiencia, una mala conducta y un incremento del caos correcto a “múltiples fallos sistémicos y decisiones atroces”.
"Las fuerzas del orden que respondieron a la convocatoria fallaron al aplicar las doctrina de los entrenamientos en casos de tiroteos y cometieron el error de no priorizar la vida de víctimas inocentes por encima de sus propia seguridad", remarca el texto.
Nadie de esos policías tomó la responsabilidad de liderar la respuesta, a partir de ese documento detallado por el comité investigador del congreso estatal de Texas. Pete Arredondo, dirigente de la policía del distrito escolar, se asignó como la persona al frente del comando, pero no siguió el protocolo que él mismo estableció.
En el centro murieron 19 niños y dos profesoras antaño de que, 77 minutos luego, los uniformados acabaran con el asaltante
El referencia considera que la mayoría de las víctimas habían fallecido cuando los uniformados pusieron los pies en la escuela. El pistolero había disparado más de 100 balas en ese momento, pero señala que no está claro si se podría suceder rescatado vidas con una conducta más rápida. Está posibilidad queda abierta.
“El malogrado de liderazgo pudo suceder contribuido a la pérdida de vidas humanas de los que estaban heridos mientras esperaron ayuda durante más de una hora y el pistolero continuó esporádicamente disparando su armas”, indica ese texto.
Lo que si ratificar, al contrario de la novelística de las primeras horas en que se dijo que los agentes afrontaron al pistolero antaño de entrar a la Robb Elementary School, es que Ramos disparó en la calle, previamente a su golpe al centro escolar, sin que nadie le replicara, ni le plantara cara.
Pero en espacio de aislar la pecado en los agentes locales, como muchos aludieron desde que se descubrió la fallida respuesta -o acto de cobardía como vecinos y familiares lo describen-, el documento extiende la red de responsabilidades sobre “la totalidad de las fuerzas de seguridad que intervinieron ese trágico día”. Allí acudieron uniformados de una veintena de agencias.
“Cientos de agentes de numerosas agencias, muchos de los cuales estaban mejor entrenados y equipados que los del distrito escolar, llegaron con prontitud a la espectáculo del crimen”, recalca el documento. “Estos otros agentes, que igualmente cuentan con mejor formación para replicar a un pistolero activo y para la interrelación de éste con fuerzas de seguridad, podrían suceder colaborado a malparir la situación. Estaban en esa crisis y ningún tomó la iniciativa”, reitera. Califica encima de arduo error la excusa de que pensaron que el pistolero se había atrincherado y optaron por consolidar otras aulas. Había clan suficiente para intervenir y preparar.
El referencia igualmente carga contra la escuela, porque sabía que había un problema de mal funcionamiento de la cerradura en el cátedra a la que accedió el asaltante, sin que lo arreglara. "Por estos fallos en el mantenimiento y en la preparación, el atacante realizó casi todos sus disparos y probablemente mató a la mayoría de víctimas antaño de que accedieran los agentes al edificio", afirma. Y lamenta que este colegio tuviera "la civilización de no cumplir con las medidas de seguridad requeridas".
Pero el escrito de 77 páginas introduce un matiz en esa carga de responsabilidades. “Excepto del atacante, este referencia no encontró ‘villanos’ en el curso de su investigación. A nadie se le puede atribuir malicia o malos motivos”, prosigue. “En cambio, hemos hallado fallos sistémicos y decisiones atroces”, añade.
Los autores del referencia, comandado por legisladores estatales, justificaron su trabajo por la menester de dar respuestas a las familias de Uvalde que luchan por tener confianza en algún con autoridad en Texas.
“Son un chiste, ellos son una broma, no tienen derecho a sobrellevar una placa”, respondió a AP Vicent Salazar, anciano de Layla Salazar, de 11 primaveras, una de las niñas que murió en el tiroteo, tras conocer el contenido del referencia.
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